Crónica y fotos del concierto de Insomnium + The Black Dahlia Murder + Stam1na - Sala Razzmatazz 2 (Barcelona), 14 de noviembre de 2019

La majestuosa melancolía de Insomnium toma un Razz 2 entregado a pesar de un sonido mejorable

Datos del Concierto

Bandas:
Insomnium + The Black Dahlia Murder + Stam1na
 
Fecha: 14 de noviembre de 2019
Lugar: Sala Razzmatazz 2 (Barcelona)
Promotora: Rock 'n Rock
Asistencia aproximada: 450 personas

Fotos

Fotos por Marta Carreras

En estos últimos años, Finlandia ha sido un vivero casi sin fin de bandas de death metal melódico y melancólico de calidad desbordante. Están Omnium Gatherum, está Wolfheart y tota la pléyade de proyectos liderados por Tuomas Saukkonen, están Swallow the Sun, Eternal Tears of Sorrow, Ghost Brigade, Mors Principium Est…. Todas ellas tienen talento, personalidad y canciones de sobras como para enamorarnos, volarnos la cabeza y ponernos a llorar con la emocionante tristeza inherente en la psique de este particular y mágico país fenoescandinavo, pero cada vez que Insomnium se animan a sacar un nuevo disco o a aparecer por aquí de gira, se nos quitan las tonterías y no nos queda otra que reconocer quiénes son los auténticos reyes de esa fértil escena. Y ahora nos toca volver a hacerlo: su reciente Heart Like a Grave es otro discarral impresionante y un puñetazo en la mesa de mucha consideración, algo que ya hace bastante tiempo que ha dejado de sorprendernos.

Cabe decir que las dos últimas veces que los había visto (en la gira de presentación del genial Winter’s Gate en esta misma sala y en el Rock Fest de 2018), los finlandeses no habían acabado de emocionarme, probablemente, por la falta de un sonido que hiciera justicia a los temarracos que han ido acumulando durante casi dos décadas de carrera. Pero como es una banda que de un tiempo a esta parte me flipa entre mucho y muchísimo, no dudé ni un instante en darles una merecida nueva oportunidad. Como ya veremos, y aunque no os penséis que el sonido fuera precisamente prístino, al menos, hasta la segunda mitad del concierto, mi sensación es que en ese sentido vivimos la mejor de todas las veces que he tenido la oportunidad de verlos.

En esta ocasión, los finlandeses vinieron acompañados de dos bandas que no tengo claro que les acabaran de pegar del todo: por un lado, los canadienses The Black Dahlia Murder con su blackened death metal sucio, trallero y macarra; y por otro los también finlandeses Stam1na, que sí que podríamos encasillar más o menos dentro del melodeath, pero en una vertiente diametralmente opuesta a la de sus compatriotas, ahondando en la tralla punky en vez de recrearse en la exploración melancólica de la inmensa mayoría de bandas que salen del país nórdico. Una configuración de gira un poco rara que supongo que obedece a intereses comerciales y que probablemente no era lo que la mayoría de fans de Insomnium hubieran escogido, pero que acabó resultando en una noche enteramente disfrutable.

Stam1na

Los que tuvimos la oportunidad de ver a los finlandeses Stam1na abriendo para Omnium Gatherum y Skalmold hace ahora un par de años ya sabíamos perfectamente la que se nos iba a venir encima. Aunque existe la tendencia a meterlos en el saco del melodeath, quizás basándonos sobre todo en su país de origen, la banda liderada por el estridente (y a veces incluso algo disonante) Antti Hyryynen rezuma actitud punk por los cuatro costados, y su manera de mezclarlo con thrash, metalcore bien entendido, metal moderno, rock and roll energético y letras en finlandés (que por supuesto no entiendo en absoluto pero tienen toda la pinta de ser motivantes de la ostia) resulta en una propuesta original, potente y festiva que se antojaba perfecta para dar el pistoletazo de salida a una velada con toda la pinta de ser la mar de entretenida.

Al igual que ocurrió también con esa otra visita de la que hablamos, el liderazgo a nivel de respuesta lo llevó la pequeña colonia de finlandeses que se repartían por la sala y que vociferaron, ovacionaron y cantaron durante y después de casi todas las canciones. El propio Hyrde tuvo un merecido reconocimiento hacia ellos, y la verdad es que la pasiva actitud de la masa autóctona palideció muy claramente al lado del engorilamiento que llevaban encima los compatriotas de la banda, que parece que es toda un institución en su país de origen. Es verdad que, aunque la sala estaba abierta y sin encortinar, aún había relativamente poca gente pendiente de su concierto, pero los que estaban se mantuvieron en actitud expectante y, por ello, la pista ni la sala nunca se acabaron de calentar del todo.

Como el escenario estaba lleno de trastos (incluidas tres baterías, una para cada banda), Stam1na tuvieron que ofrecer su concierto recluidos en primera fila. Como intuyo que esos cinco muchachos ya están más que acostumbrados a las estrecheces y a las distancias cortas, ni su actitud ni su movilidad se vieron necesariamente afectadas, y a pesar del público dubitativo y de un sonido que nunca llegó a brillar (más tarde hablaremos de eso, algo que acabó siendo el gran lastre de la noche), los de Lemi dieron un concierto alegre, veloz y lleno de tralla que se basó, sobretodo, en las canciones de su último trabajo, llamado Taival, publicado en 2018 y que ocuparon la mitad del setlist.

En este sentido, los cortes que me llamaron más la atención fueron probablemente «Pienet vihreät miehet», «Viisi laukausta pääuhän» y la final «Enkelinmurskain» (que me parece un temazo), pero todo el concierto me pareció sobradamente solvente desde el primer al último minuto. Y no fui el único que lo pensó, ya que cuando finalmente se despojaron de sus instrumentos recibieron un sonoro aplauso por parte de la práctica totalidad del público, al que le costó un poco ponerse en situación pero al final se convenció de que estos señores se lo curraron lo suyo. Una pena que el sonido fuera en general tan embarullado, pero por todo lo demás, Stam1na demostraron ser una banda más que sobradamente solvente para estos menesteres.

Setlist Stam1na:

Paha arkkitehti
Sudet tulevat
Pienet vihreät miehet
Masiina
Viisi laukausta päähän
Solar
Enkelinmurskain

The Black Dahlia Murder

Si tú también te preguntas qué coño hacía una banda como The Black Dahlia Murder abriendo para Insomnium, que sepas que no estás solo, porque ése era precisamente el tema de conversación en casi todos los corrillos que se formaron durante el cambio de escenario. Es verdad que, si nos ponemos estrictos, los canadienses también hacen «una especie de» death metal más o menos melódico que, sobre el papel, podría pegar con los cabezas de cartel. Pero a la hora de la verdad, el espíritu y las emociones que transmite su música son tan distintos al de los fineses que es inevitable dudar de la idoneidad de tal mezcla. Supongo que, al igual que ocurrió cuando abrieron para Cannibal Corpse hace un par de años (una gira que, creo, tampoco les encajaba del todo), la banda está haciendo un esfuerzo para mostrarse ante públicos ligeramente distintos a ver si pesca nuevos aficionados. Y oye, a la hora de la verdad, tal como me dijo Einar de Leprous hace poco (ya aviso que voy a abusar de esta cita hasta la saciedad en tantos artículos como me sea posible), cuando vas a cenar a una pizzería no te pides una pizza pequeña como entrante, ¿no? Pues eso.

Al margen del acierto o el desacierto de su inclusión en este cartel, el hecho impepinable e indiscutible es que el quinteto norteamericano es todo un torbellino en directo, y eso lo han demostrado cada una de las muchas veces que han venido (la última, y como cabezas de cartel, hace tan solo medio año). Personalmente, tengo una relación algo semifría con ellos: siempre que me los pongo me resultan una de esas bandas capaz de gustarme sin reservas pero, igualmente, me cuesta un mundo distinguir unas canciones de otras. La trallaca que meten sobre el escenario, pero, no le pasa inadvertida a nadie, y durante los casi sesenta minutos que estuvieron ametrallando los altavoces de Razz 2 no sacaron el pie del acelerador en ningún momento, y temas tanto nuevos como viejos encajaron en el rodillo que se llevó por delante todo lo que se movía enfrente suyo.

Con un atrezzo mínimo, unas luces bastante mediocres y liderados por la corpulenta figura en pantalones cortos y constante brazo en alto de Trevor Strnad yendo constantemente de un lado para el otro, los canadienses dieron aún mucha cancha a los temas de su excelente último disco, Nightbringers (2017), que brilló especialmente a través de canciones como «Widowmaker», «Matriarch», «As Good as Dead», «Kings of the Underworld» o el propio tema título. Por supuesto, también hubo múltiples oportunidades de escuchar temas antiguos, y aunque al principio creo que gran parte de la gente tuvo la tentación de quedarse a la expectativa al igual que hicieron con Stam1na, las constantes e insistentes arengas por parte de Trevor dieron rápidamente resultado y ahí se acabó montando un circle pit continuo para alegría de los (pocos) fans que parecían tenerlos a ellos como principal reclamo.

Temacos como «What an Horrible Night to Have a Curse», «On Stirring Seas of Salted Blood» o «Everything went Black» se fueron sucediendo sin descanso (temazos todos, sí, pero la sensación sigue siendo que el tono del concierto y de las canciones es siempre el mismo, sobretodo si el sonido no acompaña), y el público que cada vez ocupaba mayor espacio se fue animando hasta que la sacudida de cabezas pasó a ser generalizada. Como ya he comentado, y una vez más, el borrón del concierto fue un sonido muy mejorable que acabó por resultar furstrante. Porque joder, si en la segunda edición del Metalcat Fest que se celebró hace nada en esta misma sala y con este mismo equipo, un grupo de Breda, otro de Argentona y otro de Bellcaire d’Empordà sonaron como un cañón… ¿cómo puede ser que bandas del calibre de las de hoy tengan tantos problemas haciéndolo sonar bien? Si es un tema meramente de desconocimiento del equipo, supongo que sería sencillo que algún técnico local les echara un cable, ¿no?

Los canadienses cerraron el concierto con una brutal «Deathmask Divine», y si bien el público los premió con una generosa cantidad de aplausos y vítores, también es verdad que la bola de energía que generaron se disipó rápidamente, sin llegar a inmiscuirnos nunca en esa sensación post orgásmica que sientes al acabar un concierto memorable de verdad. Y esa es un poco la sensación que me da en general esta banda: son muy buenos, muy energéticos, y tienen actitud y canciones, pero les falta un no sé qué para acabar de trascender del todo. Esta noche cumplieron de sobrísimas, eso seguro, aunque me gustaría ver con cuántos nuevos fans salieron de Barcelona.

Setlist The Black Dahlia Murder:

Widowmaker
Jars
Contagion
Miasma
Matriarch
Warborn
What a Horrible Night to Have a Curse
Nightbringers
As Good as Dead
Malenchantments of the Necrosphere
On Stirring Seas of Salted Blood
Kings of the Nightworld
Everything Went Black
Deathmask Divine

Insomnium

Aunque The Black Dahlia Murder sea un nombre ya bastante grande en el mundillo metálico en general, no había ni un resquicio de duda sobre quiénes eran los verdaderos amos de la noche y el motivo por el cual la mayor parte de la gente se reunió hoy aquí. El fervor y la electricidad que se empezó a sentir en la sala una vez el cartelón con el nombre de Insomnium se divisó en la pared posterior del escenario y los pipas empezaron a montar todo su equipo no tuvo parangón en toda la noche, y a partir de ese momento la gente se empezó a apelotonar en las filas delanteras para poder disfrutar de cerca de los reyes de la melancolía nórdica y, de paso, y aún habiendo una entrada más que digna que creó un muy buen ambiente, puso de manifiesto que la mitad posterior de la sala estaba prácticamente vacía.

Personalmente, estábamos ante el que había de ser, sólo, mi tercer encuentro cara a cara con las huestes de Niilo Sevanen y compañía. Los vi en esta misma sala presentando Winter’s Gate y en el Rock Fest de hace cosa de un año y medio, y lo cierto es que en ninguna de las dos ocasiones, sin estar para nada mal, me acabaron de volar del todo la cabeza, así que hoy venía con las ganas de resarcirme de esa pequeña espina clavada. Winter’s Gate, por cierto, no solo es mi disco favorito de su carrera sino que me parece una absoluta y puñetera maravilla que, quizás, se haría un lugar en mi top 10 de la década. A pesar de ello, venía absolutamente resignado a que hoy no íbamos a escuchar ni una nota de ese trabajo, ya que (con buen criterio, en mi opinión) la banda siente que si no puede tocarlo entero, mejor no tocarlo en absoluto. Pero vaya, que aún sin tener que recurrir a ese álbum, Insomnium tiene temarrazos por doquier, y así lo demostraron en la hora y media que se pasaron sobre el escenario de Razz 2.

Después de hacer sonar una intro que no me sonaba de nada (ya habrían podido usar «Wail of the North», ¿no?), se lanzaron sin piedad a por los dos temazos que abren su nuevo disco. Tanto «Valediction» como «Neverlast» empaquetan todo lo que hace grande a esta banda: velocidad, pesadez, melodía, melancolía y unas guitarras absolutamente majestuosas, con un juego constante entre Markus Vanhala y Jari Limataainen (guitarra de Sonata Arctica que, para mi sorpresa, estaba ocupando la posición de Ville Friman en el flanco izquierdo del escenario) ante el que te puedes quedar babeando un buen rato. Heart Like a Grave es un discarral espectacular, algo que certificó la respuesta y la aceptación que recibieron todas sus canciones. Tanto, que clásicos como «Through the Shadows» o «Into the Woods» (que dijeron que hacía tiempo que no tocaban, además) se vivieron con mucha menos intensidad que los temas más recientes.

En ese primer tercio del concierto, el sonido aún no acababa de acompañar como debería (al final de la sala era sencillamente horrendo, y aunque más adelante mejoraba algo tampoco es que fuera para tirar cohetes). A diferencia de lo que ocurrió con las dos bandas que les precedieron y que se tuvieron que comer un sonido mediocre de principio a fin, aquí sí que se notó un verdadero esfuerzo desde la mesa, de forma que a medida que avanzaba la descarga de los finlandeses las cosas fueron poniéndose a sitio, hasta acabar sonando tan atronadores, emotivos y compactos como deberían hacerlo siempre. Eso sí, a pesar de que gozan de todo mi amor, si hay algo que me chirría de esta gente es que me lleven todos los teclados y la inmensa mayoría de las guitarras acústicas grabadas. Desgraciadamente eso es lo más usual, pero a mí me destrempa un poquillo, la verdad.

Por suerte, no hay destrempera que no pueda solucionar el temazo increíble que es «Pale Morning Star», a mi juicio el mejor de su último disco (un disco lleno de temazos). Larga, épica y culebrera com ella sola, suposo uno de los puntos álgidos de la noche y fue recibida con absoluto delirio, al igual que los demás temas que interpretaron (hasta seis) de Heart Like a Grave. «And Bells They Toll» no suele convencerme demasiado, pero aquí sonó genial, mientras que «Mute is My Sorrow», que me convence muy sobradamente, fue casi apoteósica, alcanzando ya los mejores niveles en cuanto a sonido y a calidad en la actuación de la banda, con unas guitarras sencillamente abracadabrantes y algún que otro entregado «oe oeé» entre un público que se lo estaba pasando en grande.

Después del triunfazo que supuso también «Ephemeral», Niilo se vino arriba y le preguntó a la gente qué es lo que quería escuchar para terminar. Ante las loas y las demandas casi unánimes de «Winter’s Gate», el vocalista finés puso cara de circunstancias y dijo que no habría «Winter’s Gate» pero sí «In the Groves of Death», una afirmación que fue recibida con un insonoro «pues fale» entre el personal. Y no es que el tema que cierra Above the Weeping World no sea un temazo y de los gordos, pero la mayor parte de los fans que estuvieron aquí han llegado a la banda a través de sus últimos discos, y la verdad es que dejaron bastante claro con sus reacciones que lo que querían era escuchar canciones de esta época reciente.

Estos nuevos fans debieron quedar totalmente saciados después del pequeño parón pre bis, ya que la irrompible pareja «The Primeval Dark» / «While We Sleep» (sobre todo ésta última, claro) es quizá el hitazo más gordo de la carrera de la banda. No es para menos, ya que se trata de un temazo impresionante, y a mí esos «You need to slow down / so I can catch you» del final siempre me han puesto absolutamente berraco. Llegados a este punto, Markus y Jari aparecieron con sendos sombreros de cowboy (quizás innecesarios, ojo) y unas guitarras acústicas, sentándose en un par de taburetes en primera fila para interpretar una versión muy reducida y acústica de «One for Sorrow» y las primeras notas del tema que da título a su nuevo disco. Y joder, ¡cómo sonaban esas guitarras! ¡Ojalá hubieran tocado todo lo acústico ellos y se hubieran dejado de grabaciones!

«Heart Like a Grave» es otro temarral que apunta a clásico imperdible. Y mira que cuando lo escuché por primera vez como adelanto del disco me dejó un poco frío. Pero empaqueta tanta emotividad y tanta fuerza que me pone la piel de gallina cada vez que lo escucho. Así que aunque a bote pronto parece una opción algo rara para poner el punto y final a su concierto, lo cierto es que a mí me resultó un broche ideal. Tras su última nota, sonrisas, ovaciones, abrazos, sudor, aplausos, peticiones desesperadas de «one more song» y todo aquello que, ahora sí, viene inherente al delicioso post orgasmo que acompaña el final de una velada memorable. ¡Qué jodidamente buenos que son esta gente! ¡Por muchos años!

Setlist Insomnium:

Valediction
Neverlast
Into the Woods
Through the Shadows
Pale Morning Star
Change of Heart
And Bells They Toll
Mute is my Sorrow
Ephemeral
In the Groves of Death

The Primeval Dark
While We Sleep
One for Sorrow
Heart Like a Grave
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Sobre Albert Vila 744 Artículos
Siempre me ha encantado escribir y siempre me ha encantado el rock, el metal y muchos más estilos. De hecho, me gustan tantos estilos y tantas bandas que he llegado a pensar que he perdido completamente el criterio, pero es que hay tanta buena música ahí fuera que es imposible no seguirse sorprendiendo día a día. Tengo una verborrea incontenible y, si habéis llegado aquí, seguro que ya os habéis dado cuenta. Como medio, formar parte de una escena tan enérgica y con tanta gente apasionada que vive lo que hace con tanto amor y sin esperar nada a cambio es un disfrute constante y auténtico privilegio. En Science of Noise queremos ayudar día a día a que esta escena crezca y se solidifique, sin rivalidades y con la máxima ilusión. Porque seremos pocos, pero somos poderosos.