Koldovstvo – Ни царя, ни бога (Ni Tsarya, Ni Boga)

Nuestra Nota


7.5 / 10

Ficha técnica

Publicado el 5 de marzo de 2021
Discográfica: Babylon Doom Cult Records, Extraconscious Records y Fólkvangr Records
 
Componentes:
Desconocidos

Temas

1. I (7:12)
2. II (4:54)
3. III (3:28)
4. IV (5:36)
5. V (7:08)
6. VI (1:56)

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Poco podemos decir de Koldovstvo: ni quiénes son sus integrantes, ni su procedencia. Todo se mantiene en el más absoluto secreto. De momento, tendremos que conformarnos con saber que el nombre de la banda significa ‘brujería’ en ruso. Y, también, con que acaban de publicar Ни царя, ни бога (Ni Tsarya, Ni Boga), que se puede traducir por «Ni zar, ni Dios», con el apoyo de los sellos Babylon Doom Cult Records, Extraconscious Records y Fólkvangr Records.

Lo cierto es que, si algo transmite el black metal de Koldovstvo, a lo largo de sus seis pistas sin título, es una atmósfera etérea, embrujada, fantasmagórica. La producción del álbum, pretendidamente burda, está especialmente pensada para arrebatarles el cuerpo a los instrumentos y privarlos de toda calidez, dejándolos como espectros de lo que serían. Todo lo que tenemos es una niebla sonora, envolvente, que ocupa hasta el último rincón del disco. El concepto de su música queda muy bien reflejado en la portada, el detalle del óleo La princesa Tarakanova, del pintor ruso Konstantin Flavitsky, cuya protagonista, acusada de impostora y encerrada en una prisión de San Petersburgo, contempla con horror la inundación de su propia celda: sofoco, obnubilación, vileza, ranciedad, belleza.

Solo el arpegio inicial del tema de apertura ya nos avisa de que no vamos a encontrarnos con un disco de black metal descarnado. Enseguida entran en escena unas guitarras fantasmales, apoyadas en un teclado que le aporta fondo a la melodía principal, la cual se mantendrá en un bucle hipnótico. En la sección rítmica destacan unos blast beats distantes, casi como si sonaran debajo del agua, mientras que las voces alternan entre shrieks agudos y desesperados con coros limpios, graves y descorazonados.

La segunda canción ofrece un cambio en el apartado instrumental: se apuesta por un ritmo y una melodía folk, a la que da forma un punteo de guitarra —o tal vez un instrumento folclórico similar— que suena antiguo, desgastado, polvoriento, casi como las notas de una cajita de música hallada en el desván de una casa encantada. El tema adquiere un tono más épico en su parte central, lo que me recuerda ligeramente a Summoning, con esas atmósferas oscuras y heroicas, y se cierra recuperando la melodía de sus inicios.

Estos dos primeros temas son los que marcarán los parámetros en los que se moverá el resto del álbum. Aunque no encontramos una gran complejidad compositiva, la melodía triste, algo afectada y magnética de la primera canción y el carácter folk y épico-oscuro de la segunda, junto con la omnipresente atmósfera sobrenatural, me han resultado suficientes para mantenerme pegado a ellas.

Así, en el tercer tema, de nuevo vuelven a acosarnos los blast beats, esta vez en una canción bastante corta que sirve de mera transición, cuya violencia contrastará fuertemente con la siguiente. Lo primero que oiremos será una voz femenina que parece hablar en ruso y unos acordes que podrían haber salido de Cocteau Twins. Una vez más, contaremos con los ritmos y melodías folk, acompañados de la voz masculina limpia, que se deshace en lamentos, en la canción más onírica del disco.

La quinta pista del álbum tiene una duración y estructura muy similares a la primera. Hacia el fin de la primera mitad, hay un medio tiempo, primero, y un silencio de la sección rítmica, después, que otorgan tensión antes de que vuelvan los blast beats del principio, lo que ayuda a recrear un ambiente más amenazador y hostil que el de sus predecesoras, favorecido por los alaridos del vocalista; no obstante, todo el disco tiene como trasfondo un contraste entre cierta dulzura y una maldad sutil. A estas alturas, no queda mucho más por ofrecer, y el álbum se cierra con otra canción de corte folk, de escasa duración, a modo de outro.

Koldovstvo ofrece un disco donde lo que destaca, sobre todo, es la estética del sonido. Todo suena distante y sobrenatural a lo largo de los poco más de 30 minutos del álbum, que se inscribe en esas corrientes del black metal que han adoptado elementos y texturas fronterizos con otros estilos, en principio lejanos, como el post-punk , el shoegaze y el dream pop, ya sea por influencia más o menos directa, ya sea porque, a veces, como en cualquier disciplina artística dominada por el ser humano, se llega a la misma meta por diferentes caminos. Como punto débil, resulta un tanto limitado en el aspecto compositivo —no en la sencillez, con la que no tengo ningún problema, sino en la variedad—: hay ideas suficientes para presentar en un EP, pero un poco escasas para un álbum completo, quizás la principal causa de su corta duración.

No obstante, Ни царя, ни бога (Ni Tsarya, Ni Boga) marca el inicio de un proyecto al que habrá que estar atentos, y esperamos que se desarrolle más en posteriores publicaciones. Si te atraen las atmósferas fantasmales y lúgubres, con aires de magia negra, este álbum no te decepcionará: sumergirse en él nos deja con una sensación narcótica, de trance, como si hubiéramos participado en un aquelarre en lo más profundo de un bosque antiguo y sombrío.

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Sobre Cristóbal Márquez 4 Artículos
Filólogo, traductor, coleccionista de discos y obsesionado con el cine y la música. Desde que oí por primera vez una guitarra eléctrica supe que mi rollo era el rock, especialmente el metal y el punk. Prefiero intensidad a velocidad, sencillez a complejidad y melancolía a épica, pero en esto de la música tengo más filias que fobias, y nunca sé qué me apetecerá al día siguiente. Deseoso de compartir mis gustos volubles y contradicciones.