KoЯn – KoЯn: 25 años del nacimiento del metal moderno 2.0

Ficha técnica

Publicado el 11 de octubre de 1994
Discográfica: Immortal Records / Epic Records
 
Componentes:
Jonathan Davis - Voz, gaita
Brian "Head" Welch - Guitarra
James "Munky" Shaffer - Guitarra
Fieldy - Bajo
David Silveria - Batería

Temas

1. Blind (4:19)
2. Ball Tongue (4:29)
3. Need to (4:01)
4. Clown (4:37)
5. Divine (2:51)
6. Faget (5:49)
7. Shoots and Ladders (5:22)
8. Predictable (4:32)
9. Fake (4:50)
10. Lies (3:22)
11. Helmet in the Bush (4:02)
12. Daddy (17:31)

Multimedia




Escucha y compra

Este disco en Amazon: KoЯn – KoЯn: 25 años del nacimiento del metal moderno 2.0
Todos los discos de KoЯn en Amazon


Si hace solo unos días KoЯn eran noticia debido a la publicación de su más reciente trabajo, The Nothing (2019), hoy echamos la vista atrás en el tiempo en nuestro viaje a la discografía de la banda, maestros del nu metal, nacidos en Bakersfield, California en 1993, para analizar su primer y brillante homónimo trabajo.

Producto de varias encarnaciones de bandas anteriores, su historia comienza en 1989 con LAPD, cuando varios de los miembros de la banda se mudaron a Los Ángeles por una serie de vicisitudes y, después de lanzar dos álbumes, decidieron disolverse. James Shaffer (guitarra), Reginald Arvizu (bajo) y David Silveria (batería) intentaron seguir adelante formando otra banda, Creeps, y tras la contratación de Brian Welch (guitarra) y Jonathan Davis (por aquel entonces, vocalista de la banda SexArt), nacía KoЯn. A modo de curiosidad, decir que fue el propio Davis a quien se le ocurrió lo de la Я tan típica de su logo. Nacía así una banda formada por personas muy «diferentes», de freaks. De hecho, según los estándares de la sociedad estadounidense de la época, con influencias musicales dispares e historias de acoso escolar y de aislamiento. En el futuro, todo esto marcará indisolublemente el sonido y sus temas, proporcionando la base para aquellos que se convertirán en la banda más top del nu metal, un término que aún no se había acuñado en ese momento. En particular, Jonathan Davis era totalmente ajeno a la figura del típico cantante de metal. Él era un amante de la new wave, un tipo de aspecto oscuro (se dice que hasta no consultarlo con un vidente, era extremadamente reacio a unirse al grupo) y con un bagaje de abusos a sus espaldas que influirán en sus textos. Un sincretismo que, a través de una serie de factores culturales y, podríamos decir, Zeitgeist de la época, dará forma a una serie de impulsos urbanos y psicológicos que pasaron a estar más que presentes en el aire. Nada viene de la nada y, de hecho, pensar que, de repente, los metaleros han comenzado a rapear, sería una visión bastante ingenua y poco creíble.

Estamos a finales de la primera mitad de los 90, en una California que vive envuelta en tensiones étnicas y convivencia forzada entre las comunidades blanca, afroamericana, asiática e hispana. El 29 de abril de 1992, en Los Ángeles, se produjeron los famosos disturbios provocados por la absolución de cuatro policías blancos de la acusación de haber golpeado, un año antes, a un automovilista negro (un evento que fue registrado por un aficionado de video y que daría la vuelta al mundo) y que marcó el inicio de toda una serie de olas de violencia y saqueos por toda la ciudad. Fue la culminación de un clima constante que, en realidad, involucró a muchas grandes ciudades, pero también a pequeños pueblos estadounidenses. Como siempre, todo esto también presuponía una contaminación de gustos y tendencias debido a la convivencia diaria.

También es necesario considerar la escena musical estadounidense de esa época que, desde finales de los años 80, había visto como toda una serie de factores había empezado a «contaminar» el metal y el rock alternativo. Helmet, a partir de 1989, empezó a combinar rock, noise y hardcore; Faith No More unió metal y música funk; y a los tipos de Fear Factory se les ocurrió, con Soul of a New Machine (1992), meter en un mismo saco death y thrash metal cibernético con la alternancia entre canto limpio y guturales, que luego tomará prestado la escena nu metal y groove. Y, como no, Ministry, banda que entre finales de los 80 y principios de los 90, presentó la soberbia trilogía The Land of Rape and Honey (1988), The Mind Is a Terrible Thing to Taste (1989) y Psalm 69: the Way to Succeed and the Way to Suck Eggs (1992), naciendo así el metal industrial (obviamente, también estaban NIN por allí). Mientras tanto, en Inglaterra, Godflesh habían puesto los sonidos mecánicos y opresivos en el centro de su propuesta musical con unas guitarras de tono muy bajo en las que los solos estaban prohibidos. Y, por último, toda una serie de impulsos y movimientos provenientes de las escenas más dispares, como el famoso «Bring the Noise» de Anthrax, en colaboración con los raperos Public Enemy.

Mientras tanto, a nivel social, una serie de adolescentes desilusionados rodeados de cinismo y aburrimiento, empezaban a salirse un poco de la norma. Cada vez más alejados de las tendencias del metal y más atraídos, en cambio, por toda una serie de nuevas corrientes urbanas. KoЯn (1994), el debut de la banda que aquí revisamos, encarna perfectamente todo esto, inspirándose en lo ya mencionado y dándole un diseño único que, un poco más tarde, desencadenará en una enorme ola de bandas. Solo un año antes la banda había creado la demo Neidermayer’s Mind, que curiosamente fue despreciada y obviada por público y crítica. El trabajo contaba con la producción de la deidad responsable de ese sonido que estaba por llegar, Ross Robinson, quien obtendría un gran crédito a partir de aquí. Publicado por Immortal Records, un sello distribuido por Epic Records, el trabajo recoge el consenso de tod@s, convirtiéndose en un episodio que inspiraría a otras bandas, como Limp Bizkit, Slipknot o Coal Chamber.

El sonido que encontramos en este debut se aleja de muchos puntos fundamentales de la música metal anterior. Aquí los solos de guitarra de baja afinación en bucle, las baterías con líneas tribales y las líneas de bajo con ese zumbido constante marcan la línea a seguir. Si a todo esto le agregamos elementos externos como gaitas y partes vocales en las que se alternan secciones más limpias con gritos desesperados, ya tenemos el nu metal servidito en bandeja de plata. Estamos ante un género -a menudo alucinado-, que nace del cruce de los caminos marcados por la pesadez del post metal, algunos rasgos de grunge y guiños al funk (pero este último se desarrollará más en el futuro), donde la oscuridad existencial, los problemas de los adolescentes, etc. encuentran su forma en un sonido sincopado, distorsionado y obsesivo. En resumen, una nueva propuesta musical en la que conviven todos los elementos vividos, digeridos y aquí repelidos entre esputos de bilis y ácido, en una verdadera declaración de intenciones que romperá al público y que llevará al álbum hasta el platino. Incluso la portada del álbum expresa los puntos temáticos de la banda de una manera sintética y estéticamente perfecta: una niña en el columpio dominada por la sombra amenazante de un adulto con objetos afilados en sus manos, y para hacerlo aún más perturbador, su sombra (la de la niña) parece estar ahorcada por la sombra de la K del logo de la banda; atención al detalle, por lo tanto, que viene de mostrarnos que estamos ante un producto muy bien pensado, lo que demuestra el talento de aquellos que les fueron a buscar y les pusieron un contrato bajo sus narices. Are you ready?

Desde la explosiva canción de apertura «Blind» (tod@s, absolutamente tod@s los que nos hemos sentado en alguna ocasión tras una batería hemos tratado de emular el inicio del tema con ese tan característico sonido del ride), los oyentes están expuestos al estilo único de KoЯn. Las guitarras afinadas retumban mientras Jonathan grita su tan característico: «Are you ready?!!??»  Y qué decir de ese bajo tan característico del Sr. Arvizu, tan fácilmente audible justo ahí en medio, entre las guitarras y la batería. Estamos, sin lugar a dudas, an te una de las mejores carta de presentación de las últimas décadas. Toda una declaración de intenciones. Sorprendentemente, su anteriormente citada demo no funcionó del todo bien, la banda incluyó en este álbum debut tres temas que ya aparecían en ésta, «Blind», «Daddy» y «Predictable» (deletreada «Pradictable» en la demo), mientras que una cuarta, «Alive» no se lanzó hasta que publicaran en el 2003 Take a Look in the Mirror.

Quizá una de las cosas más interesantes de este álbum es lo fuerte que es el bajo. De hecho, dice la leyenda que el bueno de Jason Newsted (Metallica) quería que Ross Robinson (productor del álbum) y Chuck Johnson (ingeniero de sonido y autor de las mezclas) se hicieran cargo de las mezclas del …And Justice for All (1988), a lo que James Hetfield se negó en rotundo. En lugar de sumergirse bajo el mar que conforman los otros instrumentos, el bajo se convierte en uno de los aspectos más destacables de toda esta movida. En particular, la tercera canción, «Need to», específicamente los segundos que le siguen al minuto 2:46, donde las guitarras son completamente inexistentes y Jonathan se limita a susurrar la letra, mientras que Arvizu domina todo el cotarro con su bajo tocando por encima de todo y de todos. Ello viene a demostrar cuán importante fue para la banda para lograr ese sonido de bajo tan grave, hasta el punto en que el bajo es, simple y llanamente, «acompañado» por el resto de instrumentos. Hay innumerables ejemplos de esto mismo intercalados a lo largo de todo el álbum.

Incluso las guitarras (de siete cuerdas, recordemos) están afinadas en «Drop A» -lo que significa que la séptima cuerda está bajada un tono- para lograr esos matices tan oscuros. Con Brian y James a las guitarras, la banda sentó las bases, aquí en este disco, para sus tan famosas guitarras duales, marca de la casa. Todas y cada una de las pistas están impregnadas con ese sonido tan característico de guitarras, intercambiando los artistas sus papales a su antojo entre guitarra rítmica y solista. El más claro ejemplo de todo ello quizá lo encontremos en la segunda canción, «Ball Tongue», en la que las guitarras duales dominan con ese tintineo tan afinado. En la pista «Faget» (la número seis), la guitarra rítmica retumba por toda la pieza, mientras que la guitarra principal puntúa esto con algunas notas más altas escogidas -diría que al azar- a lo largo de los largos versos. Los guitarristas se complementan entre sí, una de las principales razones por las que este álbum tuvo tanto éxito. El poder y la ferocidad que se sienten en pistas como «Clown» hacen que esos ritmos tan pesados ​​y graves se metan en los tímpanos de los oyentes.

Y qué decir de la batería: maravillosa y concisa. Al igual que las guitarras durante «Faget», la afilada batería va cortando ese ritmo tan grueso de guitarra y el sonido del bajo como una cuchilla a través de la mantequilla. No sé si a los capos de Calvin Klein se les puso morcillona al escuchar el arte de David Silveria tras los tambores, y de ahí que le contrataran para una de sus campañas publicitarias. Recordemos que a finales de los 90, Calvin Klein contrató a una gran cantidad de músicos de la escena rock del momento para hacer de modelos para su nueva línea de jeans, y que uno de esos músicos era Silveria. Sea como fuere, él aporta un tono «más alegre» y funk a las canciones más oscuras. David es un batería competente, que confía más en el ritmo y en la potencia que en la complejidad, que creo que es lo que realmente necesitan las pistas aquí contenidas.

Jonathan Davis aporta con su voz la mayoría de las características que hacen de KoЯn una banda tan única. Si bien casi todos los músicos mencionados anteriormente y sus estilos eran únicos en el momento de la concepción de este álbum, la voz tan distintiva de Davis y la mezcla de una variedad de estilos vocales realmente hacen que la banda destaque entre la multitud. A lo largo ce todo el álbum, el vocalista utiliza varias técnicas vocales, que incluyen screams, growls, dry lung vocals (al final de «Helmet in the Bush»), guturales profundos, voces limpias y, como no, susurros. Esto, unido a su voz extraña e intrigante, hace que todas y cada una de las pistas sean y suenen la mar de interesantes.

Aunque Jonathan no sea uno de los más brillantes letristas de la escena, se las arregla para pintar algunas imágenes visuales realmente inquietantes en la cabeza del oyente, particularmente en la canción «Daddy», en la que cuenta la historia de un padre que abusa sexualmente y viola a su hijo, y cómo la madre, aún siendo consciente de ello, no hace nada para evitarlo. Esto es un eufemismo para narrar la dura infancia del artista, pues ese niño es él mismo y esos padres, los suyos. La emoción que brota de Jonathan a lo largo de la canción es tan cruda y primitiva, y las imágenes de audio son tan gráficas que no puedes evitar sentirte emocional -de una u otra forma- mientras escuchas la canción, que cierra el álbum. Realmente estamos ante un «punto culminante» del álbum dependiendo de cómo lo veas, pero la canción es inolvidable. Muchos artistas pueden emular con éxito la emoción y hacer que parezca genuina, pero… ¿es posible determinar si la emoción que Davis muestra es auténtica? Bueno, aparte de su conexión tan personal y obvia con el tema, el artista termina derrumbándose, gritando blasfemias a lo loco hacia su asaltante antes de ceder hacia el final de la canción, cuando sus sollozos acompañan a las guitarras y al ritmo de la batería, que van suavizándose hasta que el tema llega a su fin, después de que se escuche una suave voz femenina de fondo.

KoЯn grabaron las pistas de este álbum «en falso directo»; esto es: con todos los instrumentos tocando a la vez, como si de un bolo en directo se tratara. Actualmente, la mayoría de las bandas graban cada instrumento por separado. Sin embargo, esto no captura la atmósfera que tiene una grabación en directo. Por ejemplo, «Daddy» no sería tan inquietantemente triste si no la hubieran grabado de este modo. Otro ejemplo de ello es la pista «Clown», en la que la grabación no se corta, y la pista comienza con la banda discutiendo sobre cómo ha de comenzar el tema. En medio de sus esfuerzos por recuperar el ritmo, puedes escuchar a la gente hablar y reír hasta que, el «You piece of shit» de David empieza la canción. Momentos como estos, que dan una sensación mucho más profunda a la atmósfera general del álbum y que cimentan la autenticidad de las bandas, no serían posibles si no se hubiera grabado de la manera en la que lo hicieron. Incluso la producción, que es de todo menos pulida, se adapta perfectamente al ánimo tan crudo y emocional del disco.

El álbum debut de KoЯn fue el primero dentro del género nu metal, y solo por eso ya se merecen toda mi admiración y respeto eternos. Posteriormente sacarían al mercado otros discos igualmente notables (pero inferiores, en mayor o menor medida… bueno, Life Is Peachy (1996) está ahí ahí con su debut), hasta Untouchables (2002) -que, por cierto, incluye la que es mi canción preferida de ellos, «Thoughtless»-, para empezar a divagar por caminos extraños e insospechados, hasta volver a centrarse, ya de nuevo con Brian «Head» Welch en sus filas, con sus dos más recientes obras, The Serenity of Suffering (2016) y The Nothing (2019).

Odiados y amados por igual, yo me incluyo en el lado de la balanza (y hablando de balanzas, lo que he explicado más arriba de Metallica es bola…) en el que nos situamos sus amantes y admiradores. La gente que les odia, que son los de mi misma quinta, quizá se hayan dejado comer demasiado la cabeza por otras bandas del gremio que quizá sí sean para darles de comer aparte. Yo, sinceramente, veo en los de Bakersfield, California a una banda -valiente y atrevida- que, sin complejos, decidió darla la vuelta a la cosa y cambiar los pantalones de pitillo por chándales Adidas. Todo lo demás es bullshit.

Rubén de Haro
Sobre Rubén de Haro 370 Artículos
Tipo peculiar y entrañable criado a medio camino entre Seattle, Sunset Boulevard y las zonas más húmedas de Louisiana. Si coges un mapa, y si cuentas con ciertos conocimientos matemáticos, verás que el resultado es una zona indeterminada entre los estados de Wyoming, South Dakota y Nebraska. Una zona que, por cierto, no he visitado jamás en la vida. No soy nada de fiar y, aunque me gusta “casi todo lo rock/metal”, prefiero las Vans antes que las J'hayber.