Halford – Resurrection: 20 años desde que el Metal God volvió por la puerta grande

Ficha técnica

Publicado el 8 de agosto del 2000
Discográfica: Metal-is Records
 
Componentes:
Rob Halford - Voz
Patrick Lachman - Guitarra
Mike Chlasciak - Guitarra
Ray Riendeau - Bajo
Bobby Jarzombek - Batería

Temas

1. Resurrection (3:58)
2. Made in Hell (4:12)
3. Locked and Loaded (3:18)
4. Night Fall (3:41)
5. Silent Screams (7:06)
6. The One You Love to Hate (3:11)
7. Cyberworld (3:08)
8. Slow Down (4:51)
9. Twist (4:08)
10. Temptation (3:32)
11. Drive (4:30)
12. Saviour (2:57)

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Los fatídicos 90 terminaban y Kiss marcaban el camino de retorno del rock y metal clásico: Bienvenido era el revival y la fiebre de las reuniones. Todo el mundo volvió, incluso las bandas de los 60 españolas de canción ligera (qué gran etiqueta). Era evidente que todos los grandes grupos estaban en el callejón sin salida de los 90 y que tocaba seguir los pasos de Gene Simmons. Pero ya que era evidente, tocaba hacerlo por la puerta grande. Un disco que reivindicara el cetro perdido y que devolviera la fe, capaz de poner las legiones de fans a sus pies y que Judas tuvieran que mendigarle la vuelta. Halford no se iba a arrodillar, los cantantes no hacen eso, y menos las leyendas. Así se gestó la resurrección:

Los 90 de Halford

Diría que los años 90 fueron un desastre para Halford, y eso que había tocado el cielo con el maravilloso Painkiller de Judas Priest en el 91. Y suele pasar que desde la cima las cosas se ven diferentes y los egos suben más que las bandas. No les moló al resto de sacerdotes eso de que le diera por tener una carrera paralela, mismo caso de Bruce Dickinson en Iron Maiden. Ambos salieron y Halford tenía claro que los sonidos más duros de Pantera eran el camino. El primer disco de Fight es genial, no así el anodino segundo trabajo. Luego vino su salida total del armario y el acercamiento al metal industrial de Nine Inch Nails y Marilyn Manson. No podemos negar que lo intentó, pero… fue un desastre. Llegó a estar confirmado en el Doctor Music de 1997 en lo que podría haber sido un show memorable. Luego cayó del cartel sin explicaciones algunas. También llegaron a estar SavatageRob tocaba fondo y la senda estaba clara: volver a su lugar de siempre, y para eso necesitaba un disco exageradamente Judas Priest para que incluso los mismísimos ex compañeros de grupo vieran la tabla de salvación al desaguisado que habían montado fichando a un voluntarioso Ripper Owens.

Roy Z: la clave de todo

Halford lo tenía claro y era un alma gemela con el bueno de Bruce Dickinson. El segundo había resucitado con dos fenomenales discos en estudio y buenos directos, y todo gracias al productor Roy Z. Daba modernidad a las composiciones, todo sonaba actual y mostraba, sin embargo, la cara que todos esperaban de la sirena antiaérea. El metal god tenía claro que todo pasaba por don Z. Además, el chico estaba en contacto con Dickinson y podía dar un golpe de efecto con esa colaboración. ¡Más no se puede pedir!

El disco

Todo se abre con un remake de “Painkiller”. Suena como debería haber sonado el disco posterior a Painkiller y el tema es de traca. Afiladísimas y chirriantes guitarras con su garganta afilada como el acero toledano. Las referencias biográficas salpican la letra para conseguir un efecto de sinceridad y de autocrítica mientras el corazón de los oyentes pide a gritos que este señor vuelva al redil. Esta composición es un guiño inequívoco de que Halford quiere volver. La portada con el calvo sobre la moto vestido para matar es la otra señal. Sólo con este tema ya le valía, pero afortunadamente había más. Hay aquí grandes composiciones como “Made in Hell” en la que destaca en sobremanera la batería tan real de Bobby Jarzombek, uno de los más grandes bateristas del momento. El tipo que siempre toca descalzo. Impresionante estribillo con guiños a los Judas de los 80 pero con ese toque actual y moderno. La dureza y contundencia es deudora de Fight, y en la letra apela a todos los fans repartidos por todo el globo. El dueto de guitarras Lachman y Chlasciak tiene momentos de guitarras dobladas más cercanas a Helloween que a Priest.

El listón tarda en bajar y cortes como “Locked and Loaded” funcionan a la perfección. Aquí la base de Fight es más que obvia y las guitarras puramente Judas están endurecidas con el preciso y presente bajo de Ray Rindeau. El estribillo de “Night Fall” está a la altura de los grandes temas de Judas Priest a pesar de que la pátina de oscuridad se aleja de su banda madre. Es la magia de Roy Z que te apunta de que es lo mismo, pero suena diferente. Había que demostrar que el vocalista estaba a tope en todos los terrenos así que la balada era obligada y toma cuerpo en el inspirado crescendo “Silent Screams”. Recordemos que esta canción era una versión de la misma ya grabada en el proyecto Two o 2wo. Es una de las canciones más redondas del LP y un poco te viene a decir que en materia de composición el hombre se había puesto las pilas. No escatima en agudos, y, definitivamente, sientes que el hijo pródigo está de vuelta.

“The One You Love to Hate” es la union de los más grandes: Rob y Bruce. Un tema cortito con sonido Painkiller y con una cadencia matadora. Podría no pasar de la anécdota, pero mantiene el enorme nivel y cierra una primer parte de disco matadora. Pocas veces un retorno había cumplido tantas expectativas. Personalmente creo que “Cyberworld” baja un poco la media general, que volverá a subir en ese ejercicio contundente y a medio tiempo que es “Slow Down”. Es una de las joyas del álbum y muestra a Rob en las tesituras más graves, justo en las que se encuentra más cómodo. Redobles marciales de Bobby y juegos versátiles de voz en terrenos en los que luce graves. Aquí un poco te avisa de que ya no es el de antes pero que el heavy metal es su vida.

“Twist” cumple expediente y poco más en afinaciones graves y cierta aura lúgubre, por mucho que participe en la composición un histórico como es Bob Halligan Jr., creador de un par de clásicos para los Judas. La misma suerte corren “Drive” (totalmente White ZombieManson) y “Temptation” (bonitas voces dobladas), siendo anecdóticas, pues el pescado ya estaba vendido. Estos temas demuestran también que Halford necesitaba a sus viejos compañeros de fechorías para completar una obra redonda. La mano de Roy Z se nota y mejora en mucho lo ofrecido en el intrascendente A Small Deadly Space. También os diré que lo apuntado en “Drive” se perfeccionará en Crucible con enormes momentos. Más reconocido es el cierre con “Saviour” buscando un final a la altura. Modernidad dándose la mano con el legado de Judas Priest y con grandes resultados. Un gran Jarzombek y unas guitarras echando chispas elevan una muy buena línea vocal y un tema con madera de single. Lástima que la primera parte del disco fuera tan inspirada y la segunda pierda tanto en la comparación.

Veredicto

Le fue tan bien al divo que no tuvo prisas para negociar en unos tiempos en los que era un secreto a voces que la reunión estaba a la vuelta de la esquina. Eso permitió que disfrutásemos de un gran directo como fue posteriormente Live Insurrection, sacado a toda prisa para surfear la ola mientras estaba alta. Pero lo mejor estaba por llegar puesto que Crucible es la gran obra de Halford en solitario, muy superior a este Resurrection por mucho que la gente sigue quedándose con este disco. Ya tocará hablar de él dentro de un par de años, pero el caso es que el LP que nos ocupa era carnaza para los tiburones. Tenía toda la escena salivando a base de bien. La gira no pasó por Barcelona, pero Madrid y Euskadi fueron agraciadas con conciertos del proyecto en la que se vio que Rob había perdido bastante voz aun siendo recibido como lo que siempre fue: el Dios del Metal.

 

Jordi Tàrrega
Sobre Jordi Tàrrega 496 Artículos
Coleccionista de discos, películas y libros. Abierto de mente hacia la música y todas sus formas, pero con especial predilección por todas las ramas del rock. Disfruto también con el mero hecho de escribir.