Crónica y fotos del Diez años de Kararocker - Sala Rocksound (Barcelona), 25 de enero de 2020

El nostálgico retorno de Ktulu da lustre al meritorio décimo aniversario de Kararocker

Datos del Concierto

Diez años de Kararocker

Bandas:
Ktulu
 
Fecha: 25 de enero de 2020
Lugar: Sala Rocksound (Barcelona)
Promotora: Kararocker
Asistencia aproximada: 150 personas

Fotos

Fotos por Jaume Estrada

Para cualquier proyecto underground, cumplir 10 años en este mundo dominado por el capitalismo más frío y resultadista es todo un motivo de orgullo. Después de pasar por escenarios de ciudades como Granollers, Sabadell o Calella, este bien conocido karaoke de rock y metal ya se ha hecho un lugar en la programación habitual de la sala Rocksound barcelonesa, una ubicación que han mantenido, de forma permanente, durante los últimos cuatro años. Tras todo este tiempo, como no, el proyecto liderado por Marc Muñoz cuenta ya con una buena cantidad de aficionados devotos que no se pierden una y que disfrutan mes tras mes de la oportunidad de tomar el escenario, agarrar el micrófono (o una guitarra de plástico, da lo mismo) y sentirse Rob Halford por unos instantes. Y aunque alguien no se atreva a cantar, para la mayoría del público las ansias de interacción que genera tener a un/a tío/a cantando ahí arriba versus que te meta hitazos un Dj no tienen punto de comparación.

Para celebrar esta primera década, Marc y compañía quisieron contar con unos invitados de lujo como son la mítica banda barcelonesa Ktulu, valientes pioneros en los noventa en aunar thrash y death metal con géneros tan ajenos a los gustos patrios como eran el metal alternativo o el industrial. De ahí que muchos los etiquetaran como “los Fear Factory catalanes” y, aunque en estos últimos años la producción de la banda se haya estancado bastante y que, como veremos, a día de hoy vivan íntegramente de su catálogo noventero, la expectación y la respuesta que generaron en la pequeña sala Rocksound fue más que notable, con un sold out totalmente previsible (incluso me sorprendió que no llegara a consumarse hasta el último día) y una entrega entusiasta por parte de un público entre el que, eso sí, costaba encontrar a alguien por debajo de los cuarenta.

Por mi parte, y aunque por edad es una banda que me encajaba perfectamente, debo confesar que nunca he sido tan, tan fan de Ktulu, hasta el punto de no conocer más que algunas de sus canciones más famosas. Aún así, el Kararocker es una iniciativa amiga de esta casa, así que nuestra presencia como espectadores y cronistas para tal efeméride estaba totalmente garantizada. Además, una vez puesto en situación, y por mucho que quisiera tomármelo con aparente frialdad, era complicado no empaparse del gran ambiente que se respiraba en la sala, una sala que a pesar de tener todo el papel vendido no me dio la impresión de estar realmente llena (gracias) en ningún momento. De hecho, desde la organización me comentaron que hubo unas veinte o treinta personas que compraron la entrada pero que nunca vinieron. Curioso eso, ¿no?

Con cierto retraso respecto la hora prevista (ya sabemos que Rocksound suele ser bastante laxo en este sentido), el sexteto liderado por el incombustible Willy, único miembro original de la banda que queda en la formación, saltó al escenario dispuesto a darnos una buena dosis de metal noventero de calidad. Con el siempre infalible y contundente Bud (batería de Dejadeath) tras los parches y con el resto de componentes que se contaban entre los más jóvenes de la sala (probablemente eran exactamente los cuatro chicos más jóvenes de la sala), los de L’Hospitalet empezaron su descarga sin concesiones y con todo un clásico como es “Pura Vida”. Ante ello, la parte frontal de la sala reaccionó con pasión desbordada, certificando rápidamente que los que estábamos más atrás no íbamos a poder ver mucho más que la cabeza del bajista Dani Ruiz, que gracias a ser un poco más alto que los demás miembros de la banda se salvó de permanecer escondido tras la muralla de pelo y brazos que se levantaba imponente y decidida en las primeras filas.

Con un setlist basado casi en su totalidad en temas de su tercer trabajo Confrontación (1997) (tocaron hasta 10 de los 12 cortes del disco, ojo) y completado con un par de Orden Genético (1994) y otros tres de su disco homónimo, Ktulu decidieron ir a lo seguro y no tocar nada posterior a 1998. Lejos de levantar la ceja en absoluto, a la gente eso le pareció una idea excelente, respondiendo a clasicazos como “Biocontaminación”, “Tiempo Hostil” o “Crisis de Fe” con absoluta devoción y recordándonos cómo esta banda y estas canciones lo habían petado en su momento, ayudando a dar forma y a aportar una banda sonora a toda una generación de metaleros que nacieron como tales en esa mágica década de los noventa. Ktulu fue un grupo único y una de las primeras bandas verdaderamente modernas que miraron hacía lo que se hacía en Estados Unidos y se sacudieron la aparente “casposidad” (tan odiada por los jóvenes del momento) que invadió el metal hispano en los ochenta. Por ello, gozan de una posición de privilegio y respeto de la que ya nadie les podrá descavalcar.

Las sonrisas de la gente hablaban por si solas, y la mayoría formaron pogos, se sacudieron de arriba a abajo y entiendo que se lo pasaron pipa. Pero para alguien como yo, poco familiarizado con el catálogo de la banda, a su descarga quizás le faltó un pelín de dinamismo. No hay duda que estuvieron más que contundentes, que el sonido fue totalmente correcto y que es imposible encontrar queja alguna en su actitud ni en su ejecución, pero entre que se mostraron bastante estáticos sobre el escenario (aunque cierto es que en parte no les veía y que por otro lado tampoco tenían mucho espacio en el que moverse) y que muchas de sus canciones transcurren bajo parámetros parecidos, me encontré con momentos en los que desconecté un poquillo y no sabía si estábamos viviendo una especie de déjà vu.

Pero bueno, está claro que esto puede ocurrir con cualquier banda que no conoces en profundidad, y lo achaco más a mi desconocimiento que a sus deméritos. Pero no me interpretéis mal: no es que no hubiera puntos álgidos y destacables, al contrario. Y de hecho hubo un par de muy indudables. El primero, y quizás más intenso, tuvo lugar cuando el propio Marc del Kararocker se subió a cantar “¿Justicia?” con la banda y, tras él, una buena cantidad de público se animó también a dar el paso y ocupar momentáneamente el escenario, que quedó invadido de puro espíritu Kararocker (es habitual, ya sabéis, que el pequeño tablado de Rocksound se llene de cantantes, guitarreros y bailongos en general cada vez que suena algún tema más o menos motivante) muy propio de la noche que vivíamos.

Después de que Willy nos felicitara el año nuevo chino (el de la rata) y nos dijera que con eso ya teníamos excusa para llegar a casa el martes o el miércoles, entramos en una intensa recta final que llegó a su punto de máxima ebullición con la interpretación de “Apocalipsis 25D”, el archiconocido tema que aparece en la película “El Día de la Bestia”. Y de hecho, la escena que podía observar desde mi posición algo trasera se parecía bastante a aquella en la que el padre Berriatúa irrumpe en un sudoroso y amenazante concierto de Ktulu antes de enfrentarse, esa misma noche, al nacimiento del diablo. “Apocalipsis 25D” es un temazo que, además, ya forma parte de la cultura popular de nuestro país, y como era de esperar acabó siendo la canción más celebrada y coreada de la noche.

Y cuando parecía que la cosa iba a acabar ahí (o eso me parecía a mí que iba a ser lo lógico, vaya), se lanzaron con un tema más, “Solo”, que sirvió para acabar de exprimir las últimas gotas de sudor que les quedaban a los músicos y a las primeras filas. Tras él, aplausos y abrazos para felicitar y agradecer la hora y cuarto larga en la que los catalanes lo dieron todo e hicieron disfrutar y rejuvenecer a buena parte del público. En mi mundo no es un concierto que vaya a pasar a la historia, pero me gustó formar parte de esta experiencia y, sin duda, creo que fue todo un acierto invitarles a formar parte de esta celebración.

Porque el concierto de Ktulu era solo la primera parte de lo que nos venía encima, ya que una sesión de Kararocker siempre es un evento por si mismo. Tres horas de gente subiendo y bajando del escenario, algunos habituales, otros no tanto, algunos con vozarrones impresionantes y otros que no se sabe bien por qué se apuntaron al no saberse la canción ni lo más mínimo (eh, “You’ve Got Another Thing Comin’”?). Apostando por temas que todos conocemos (“Enter Sandman”, “Fear of the Dark”,….) o por sorpresas bien agradables (“Holiday in Cambodia” de los Dead Kennedys, por ejemplo). Y aunque a pesar de ser el décimo aniversario no hubo ningún invitado especial (y me consta que se intentó), ningún pastel de celebración ni ninguna sorpresa distinta de lo habitual, el Kararocker siempre está lleno de momentos divertidos, motivantes e inesperados, y por eso resulta tan adictivo para un público que acaba invadiendo el escenario tema tras tema y formando parte activa del fregado.

En serio, si en nuestras fiestas siempre acabamos apostando por ellos como traca final, no es solo porque sean amigos, sino porque se montan todo un festival que, si solo te lo cuentan, no te acabas de creer. Por diez años más de crecimiento, y que nosotros podamos verlo. ¡Felicidades Kararocker!

Setlist Ktulu:

Pura Vida
El Latido del Miedo
Biocontaminación
Mensaje Subliminal
Legítima Defensa
Lado Oscuro
Tiempo Hostil
Alma, Limbo, Polis
¿Justicia?
Crisis de Fe
Sutil Mutilación
Hiperactividad
Delirium Tremens
Apocalipsis 25D
Solo

Avatar
Sobre Albert Vila 768 Artículos
Siempre me ha encantado escribir y siempre me ha encantado el rock, el metal y muchos más estilos. De hecho, me gustan tantos estilos y tantas bandas que he llegado a pensar que he perdido completamente el criterio, pero es que hay tanta buena música ahí fuera que es imposible no seguirse sorprendiendo día a día. Tengo una verborrea incontenible y, si habéis llegado aquí, seguro que ya os habéis dado cuenta. Como medio, formar parte de una escena tan enérgica y con tanta gente apasionada que vive lo que hace con tanto amor y sin esperar nada a cambio es un disfrute constante y auténtico privilegio. En Science of Noise queremos ayudar día a día a que esta escena crezca y se solidifique, sin rivalidades y con la máxima ilusión. Porque seremos pocos, pero somos poderosos.