Crónica y fotos del concierto de Blowfuse + Disaster Jacks - La [2] de Apolo (Barcelona), 20 de junio de 2025

Blowfuse dicen adiós: lágrimas, pogos y un último salto al vacío

Datos del concierto

Bandas: Blowfuse + Disaster Jacks
Fecha: 20 de junio de 2025
Lugar: La [2] de Apolo (Barcelona)
Organiza: HFMN Crew
Asistencia aproximada: 650 personas

Fotos

Fotos por Carles Amat

La [2] de Apolo, 20 de junio de 2025. Dicen que las despedidas duelen más cuando llegan sin artificios, cuando no hay trampas emocionales ni recursos teatrales que maquillen el adiós. Blowfuse no necesitó nada de eso. Solo bastaron ellos, su público y un puñado de canciones convertidas ya en himnos generacionales.

Frente a una sala casi llena de fans entregad@s desde el primer acorde, los de Barcelona ofrecieron el último concierto de su historia con un espectáculo que fue a la vez un funeral festivo, una carta de amor a la música y una celebración del vértigo que da saltar al vacío con la certeza de que no habrá red. No hubo red. Y tampoco hizo falta.

Disaster Jacks

El concierto comenzó con Disaster Jacks, una banda que en directo suele ser un torbellino, pero esta vez no terminó de arrancar. No fue por falta de técnica ni entrega, sino por la sensación de que todo estaba en modo previo al plato fuerte de la noche. Ellas mismas lo dijeron: «Hoy no somos las protagonistas». Y tenían razón.

La vuelta de David al bajo, uno de los miembros originales, aportó algo de emoción, pero el inicio fue tan seco como directo: sin saludos ni presentación, soltaron cuatro temas del tirón. Sonaron bien, con fuerza, pero el ambiente seguía frío.

Al quinto tema se dirigieron al público y lo dejaron claro: el ambiente está gélido. Fue un comentario honesto y sin adornos, como todo lo que hacen. Luego tocaron su «balada», que en realidad era igual de rápida que el resto, y agradecieron a Blowfuse por haberlas invitado.

Cerraron el set avisando de que todavía les quedaba algo de merch y que esperaban volver el año que viene con más… y mejor. Angie y David terminaron el concierto tirados en el suelo, como intentando arañar un poco más de conexión. No fue su mejor noche, pero incluso en un día flojo, Disaster Jacks siguen dejando claro que tienen potencia de sobra.

Blowfuse

A las 21:00, la enorme lona negra con el logo de Blowfuse que cubría el escenario se desplomó. Todo quedó a oscuras, salvo el titilar de unas velas que evocaban más un altar que un concierto. Entonces comenzó a sonar, tenue y como llegada de otro mundo, una versión a piano de «State of Denial». Era el inicio del fin. Las teclas de Joey Villa transformaron el tema en una elegía, y durante unos segundos, la sala contuvo el aliento. Pero esto es Blowfuse: cinco segundos después, irrumpió la versión eléctrica y los cuerpos se lanzaron como resortes accionados por pura necesidad vital. El pogo estalló antes incluso de que Òscar pronunciara una palabra. En esa primera oleada, un fan saltó del escenario no sin besar antes la mejilla de Sergi, guitarrista, como agradeciendo tantos años de magia musical. Cuando Òscar habló al fin, fue para soltar una frase que much@s recordaremos siempre: «Benvinguts a l’inici del final».

Lo que siguió fue un vendaval. «Dreams» marcó el pistoletazo de salida; a partir de ahí, la banda encadenó tema tras tema con una intensidad desbordante. «Wish» sonó más funky que nunca, potenciando el groove característico de The 4th Wall (2024). En «Bad Thoughts», Òscar se liberó de la guitarra por primera vez, desplegando por fin toda su energía sin filtro: directa al público, directa al corazón. Antes del clasicazo «Ripping Out», evocó con nostalgia 2013, cuando grabaron Into the Spiral —cuyo artwork muestra la barriga de Javier, padre de los hermanos Bouffard, fallecido hace cuatro años—. Al mencionarlo, la sala respondió con una ovación cargada de emoción. El circle pit de «Where’re You Jimmy?» fue un remolino de colchonetas de playa, cuerpos y almas; mientras «House of Laughter» y «Break» sirvieron para agradecer a los roadies, incluso cediéndoles los instrumentos en un gesto de camaradería que conmovió más que mil palabras.

En un guiño de complicidad, Òscar alzó unas gafas extraviadas y, al devolvérselas a su dueño, bromeó sobre el hipotético reunion tour que tod@s anhelábamos. Fue la antesala perfecta para «I Give You My Word», himno donde la banda se desnudó emocionalmente. A mitad de canción, Òscar ordenó un wall of death que resonó en las costillas de la sala: hubo quien cayó, solo para levantarse impulsad@ por la pasión colectiva.

Las canciones del EP Hard to Be Thrilled (2025) se intercalaron con naturalidad. «On a Roll» fue acogido como un secreto compartido, una contraseña entre fieles. «Cold Steel» fue sencillamente apoteósica: Òscar con pandereta, el público con móviles-mecheros alzados, y ese «When the pain is real» que atravesó la sala como una descarga eléctrica emocional. Es su balada, dijeron. Pero es mucho más que eso: esa noche era su epitafio.

Y aún quedaba «Sunny Daze». La segunda mitad se iluminó cuando Glory, de Violets, subió al escenario en medio de una lluvia de pelotas de playa. Junt@s, compartieron versos y gritos: un instante de fraternidad que condensó la capacidad de Blowfuse para unir generaciones.

Cuando todo parecía concluir, resonó el primer acorde de «Angry John». El clamor del público se fusionó con el grito del tema, pidiendo más. Y Blowfuse volvió para un bis legendario: cuatro trallazos que, por sí solos, habrían colmado cualquier cartel. «Move On» tuvo a la madre de Òscar haciendo stage diving; «Downhill to Hell in a Row» contó con Víctor Mañas al bajo, invocando el espíritu de Dogfarts; y «Outta My Head» y la eterna «Radioland» elevaron el colofón a un crescendo épico.

Al despedirse, un suspiro colectivo recorrió La [2] de Apolo, y en ese instante de recogimiento se adivinaba un brillo contenido en los ojos de Henry Salvat, el «nuevo» bajista desde la marcha de Víctor en 2022. Sus dedos temblaban apenas, y en su gesto quedó grabada la gratitud y el vértigo de cerrar un ciclo, una espiral que él mismo ayudó a completar.

Blowfuse no se desvanece por falta de fuerza; se retira porque ha dicho todo lo que llevaba dentro. The 4th Wall fue su solemne testamento; Hard to Be Thrilled, la carta íntima que firma el adiós. Lo de la otra noche no fue un simple concierto: fue su gran ceremonia de clausura, un adéu sin estridencias ni poses, donde la emoción habló por sí misma. Dejan tras de sí un rastro de sudor, de comunidad, de punk descarnado y sincero. No hay artificios: solo la más pura verdad. Por eso duele. Por eso trasciende.

Setlist Blowfuse:

State of Denial
Dreams
Wish
Bad Thoughts
I Give You My Word
Ripping Out
Where’re You Jimmy?
House of Laughter
Break
Smiling Proudly
I Give You My Word
Sunny Daze
Behind the Wall
On a Roll
Grand Golden Boy
Cold Steel
Angry John
—–
Move On
Downhill to Hell in a Row (Dogfarts cover)
Outta My Head
Radioland

Sobre Rubén de Haro 836 artículos
Antropólogo cultural autoproclamado y operador de campo en las zonas de fricción de la escena sonora. Nací —metafóricamente— en la confluencia de tres vectores: la melancolía pluvial de Seattle, la sobredosis hormonal del Sunset Boulevard y la viscosidad pantanosa de Louisiana. Pasada esa triada por el tamiz cartográfico, el punto de colapso cae en algún lugar absurdo entre Wyoming, Dakota del Sur y Nebraska, territorios que mantengo bajo cuarentena estricta por instinto puro y una superstición perfectamente razonada. Mi método crítico no tiene misterio: la presencia de guitarras, distorsión o una voz que empuje constituyen criterio diagnóstico suficiente. No ofrezco coherencia sentimental ni zonas seguras. Ofrezco honestidad estética, que es lo único que no se puede fingir sin que se note. Evalúo el presente porque el pasado ya tiene quien lo custodie. Me interesa lo que todavía no ha roto nada... y lo que está a punto de hacerlo.