Angelus Apatrida – Angelus Apatrida

Nuestra Nota


9 / 10

Ficha técnica

Publicado el 5 de febrero de 2021
Discográfica: Century Media Records
 
Componentes:
Guillermo Izquierdo – Voz, Guitarra
David G. Álvarez – Guitarra
José J. Izquierdo – Bajo
Víctor Valera – Batería

Temas

1. Indoctrinate (5:39)
2. Bleed the Crown (4:26)
3. The Age of Disinformation (4:42)
4. Rise or Fall (3:36)
5. Childhood's End (3:49)
6. Disposable Liberty (4:21)
7. We Stand Alone (4:11)
8. Through the Glass (5:41)
9. Empire of Shame (4:17)
10. Into the Well (5:47)

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El proverbial sentimiento de inferioridad que solemos sentir en este país (muchas veces justificado por una serie de motivos que no viene al caso analizar ahora mismo) quizás ha impedido que durante muchos años aceptáramos y reconociéramos algo que en otras circunstancias debería ser obvio: que Angelus Apatrida son, cada vez más de largo, una de las mejores bandas de thrash metal que existen hoy en día a nivel mundial. Ya sé que a nuestro acomplejado “yo” colectivo le cuesta afirmar con naturalidad que cuatro tíos de Albacete merezcan tal reconocimiento (¡y lo hacen sobradamente!), pero tras haberles escuchado un discazo tras otro y tras haberlos visto arrasar insultantemente con todas aquellas salas y festivales por las que pasan, creo que no nos queda otro remedio que rendirnos finalmente a la evidencia: Angelus Apatrida son, sí, una de las grandes bandas del thrash actual.

Con esta premisa por delante, es también inevitable que las expectativas ante cada nuevo álbum que vayan a poner en el mercado se vean multiplicadas. Porque no es lo mismo que una banda amiga saque un disco y tú te lo mires con esos buenos ojos que nos caracterizan al mirarnos los discos de las bandas amigas, deseando que les haya salido lo mejor posible pero apreciándolo con cierta benevolencia, y otra muy distinta es sentarte ante él exigiéndoles ni más ni menos que se hayan sacado de la manga una (otra) pequeña obra maestra del thrash del nuevo milenio. Pero aunque esta “exigencia” parezca injusta, descabellada e inalcanzable así a bote pronto, lo cierto es que tampoco es nada que no vengan cumpliendo ya en todos y cada uno de los seis discos que han sacado antes que éste, de forma que no hay demasiados motivos para sospechar que ahora vaya a ser distinto.

Y efectivamente, tal y como de era de esperar estamos de nuevo ante todo un discarral que demuestra lo sobrados que van estos tíos tanto a nivel técnico como compositivo. Rebosante de matices que se van desvelando con sucesivas escuchas y haciendo uso de esa extraña y fascinante habilidad que tienen para machacarnos con insultante contundencia mientras se sacan de la manga melodías y estribillos memorables e infecciosos con asombrosa facilidad (una habilidad de la que bien pocas bandas contemporáneas de thrash metal pueden presumir), Angelus Apatrida se marcan con este álbum homónimo otro disco fresco, potente, honesto, variado y auténtico que confirma su prácticamente permanente estado de gracia y les afianza un poco más aún en ese trono que han ido escalando con tanta paciencia, esfuerzo y talento a lo largo de los años.

Aunque a veces tengamos la tentación de considerarlos aún una banda joven, éste es ya el séptimo disco de una sólida carrera que justamente cumple veinte años en este 2021. Por este motivo, y también por las dificultades a las que tanto ellos (como banda que intenta vivir exclusivamente de esto de la música) como buena parte del resto de la humanidad se han tenido que enfrentar en este 2020, Guillermo y los suyos se han decidido a titular este disco como la propia banda, una afirmación que suele querer poner de manifiesto el impacto, la consolidación y la importancia pivotal que estas canciones tienen y tendrán en el presente y el futuro de la banda. Bueno, eso y la oportunidad de meter la transcripción fonética de su nombre en la portada para que los guiris (y los no tan guiris) dejen de decirlo mal de una vez por todas.

Esta especie de aseveración no significa que lo que vayamos a encontrar en este disco sea ningún tipo de giro pronunciado respecto a lo que los manchegos nos tienen acostumbrados. En realidad, aquí no hay sorpresas al nivel de ese “Farewell” con el que nos descolocaron (en el buen sentido) en su anterior disco, sino que estamos ante una vuelta de tuerca más en la evolución sónica de la banda, manteniendo al 200% todas las señas de identidad que les han hecho grandes en las últimas dos décadas: agresividad y crudeza se mezclan de nuevo con melodía y memorabilidad a través de una instrumentación y un ejecución técnica brillante, aunando todas sus influencias del thrash clásico (desde Testament y Megadeth hasta Pantera y Machine Head) en un propio sonido inconfundible y cada vez más identificativo.

Y aunque a lo largo este disco encontramos bien pocos momentos que nos permitan tomar un respiro y, de hecho, me atrevería a decir que se trata del álbum más eminetemente agresivo y violento de su carrera (lo que ya es decir), Angelus Apatrida dista mucho de transcurrir por la monotonía que a veces se deriva de la caña por la caña. Al contrario, la diversidad y la cantidad de matices que encontramos aquí es verdaderamente remarcable, con pequeñas y excitantes sorpresas aquí y allí y momentos de bacanal instrumental descontrolada en casi cada tema. A pesar de tener una línea argumental sólida y coherente, aquí no hay dos temas que se parezcan, con lo que la escucha de este trabajo transcurre siempre en una atmósfera de lo más entretenida.

El principio del disco es jodidamente hostil, y es que es inevitable no ver reflejado en el riff inicial de “Indoctrinate” y en la rabiosa voz de Guillermo el mítico y celebrado “Fucking Hostile” de Pantera. Pero lejos de tratarse de un corte unidimensional en absoluto, ese violento frenetismo se ve mezclado con total naturalidad con cosas más cercanas a Testament (una de sus bandas habituales de referencia) o a los Machine Head del Burn My Eyes, constituyendo un temazo variado, dinámico y completísimo con un magnífico trabajo instrumental y un par de solos bastante brutales. Tras tal puñetazo así de buenas a primeras, llegan los otros dos singles que han servido como avance, de forma que aquellos que han estado atentos al camino previo a la publicación de este disco se sentirán como en casa al poder disfrutar de dos temarrales como son “Bleed the Crown” y “The Age of Indoctrination” en todo su contexto.

Es curioso porque he de confesar que a mí “Bleed the Crown” no es que me volara especialmente la cabeza las primeras veces que la escuché. Está claro que es un tema con mucho groove, una melodía testamentera magnífica y algunos pasajes brillantes, pero no me enganchó de la misma manera que otros singles pasados como “End Man” o la sencillamente espectacular “Sharpen the Guillotine”. En cambio, escuchada dentro del conjunto del disco me da la sensación que luce bastante más y que ejerce de excelente contrapunto a “Indoctrinate”, bajando ligeramente las revoluciones sin perder ni un ápice de contundencia ni de calidad en la ejecución.

“The Age of Indoctrination”, en cambio, ya destacó especialmente en mis primeras escuchas, mucho antes de saber que iba a ser la escogida como tercer single. Las guitarras ultra heavies y en fade in del principio me encantan, y el riff veloz y thrashero por la que cabalga en su mayor parte me pone igualmente palote. También su bridge y su estribillo son irresistibles, con unos punteos afilados verdaderamente magníficos y una vuelta (a mi juicio demasiado breve, porque es la leche) a la fabulosa progresión inicial que ayudan a completar un principio de disco maravilloso y una triada de singles de mucho cuidado.

Habitualmente estos sencillos suelen corresponder con los momentos álgidos de cualquier disco o, cómo mínimo, con aquellos temas que tanto banda como discográfica considera que pueden funcionar mejor de cara a la audiencia. En este caso lo deben haber tenido bastante chungo, porque a pesar de que los tres cumplen de sobras con los requisitos para serlo, lo que viene a partir de ahora no se queda precisamente atrás. Testament, Slayer o Pantera vuelven a sonar en la machacona y potente “Rise or Fall” (el tema más corto del disco con poco más de tres minutos y medio de duración), un corte solidísimo que brilla especialmente en su parte central gracias a un riff frenético y a otro solazo de los que hace afición.

Además de llamarse como un tema de Iron Maiden (bastante infravalorado en mi opinión, por cierto), la alocada “Childhood’s End” se postula también como uno de los mejores cortes de este disco. Con desborde de tralla y velocidad y un montón de detalles deliciosos, el estribillo tiene reminiscencias claras a unos Megadeth engorilados (otro de los puntales habituales para entender la propuesta de Angelus), mientras que la voz de Guillermo suena más desgarrada y viperina que nunca. La sección rítmica es un puñetero metrónomo y las guitarras dejan ya de destacar por lo habituados que empezamos a estar a su brillantez. Temarral.

Entramos de lleno en la segunda mitad del disco, y el cuarteto manchego sigue sin bajar el listón ni lo más mínimo con otro corte brutal como es “Disposable Liberty”. Se trata de una especie de medio tiempo ligeramente acelerado con multitud de melodías culebreras y un delicioso aire a los Testament del Low o los Slayer del Diabolus in Musica (dos discos quizás denostados por muchos, pero que a mí –y a los chicos de Angelus, ya os lo puedo asegurar– me flipan). Como en todos los cortes que hemos ido viendo, la parte central es una hoja en blanco para experimentaciones de las que salen más que airosos una vez tras otra. “We Stand Alone”, por su parte, se va una década más atrás al apostar por un riff de speed metal ochentero exuberante e irresistible como motivante hilo conductor. A su alrededor, pasajes destroza vértebras y multitud de secciones diversas e igualmente inspiradas conforman uno de los cortes más ricos y variados que encontraremos aquí.

Imposible mantener el cuello quieto con el brutal y afilado inicio de “Through the Glass”, otro temazo marca de la casa que a veces se acerca al death y que tiene algunos dejes a la vertiente teutónica del género y que, una vez más, brilla con especial intensidad en la bacanal de notas, ritmos y melodías que se amontonan en su parte central. La recta final del disco se abre con otro trallazo magnífico y por momentos casi bailable como es “Empire of Shame”, un tema que me recuerda vagamente a ese genial “End Man” de Hidden Evolution, al que intuyo un cierto aire a Annihilator (completando así una absoluta masterclass del thrash) y que, mirándomelo bien, es otro de mis cortes favoritos gracias a la orgía de pasajes a cuál mejor que se suceden en sus aparentemente cortos cuatro minutillos y pico.

Para cerrar, con “Into de Wall” Angelus Apatrida se han guardado el corte más largo de todo el disco, y cómo no puede ser de otra manera, se trata de otro tema magnífico con unas twin leads verdaderamente dramáticas y motivantes, unos sorprendentes ritmos progresivos messhuggeros y devintáunsicos y un breve toque a los Machine Head del The Blackening que hará salivar a cualquier fan de la banda de Robb Flynn y, qué leches, a cualquier fan de la caña. Un punto y final de nivel para completar un álbum destinado a ocupar un lugar de privilegio en el catálogo de los manchegos, en el imaginario thrash contemporáneo y en las listas de lo mejor de este 2021 que justo acaba de empezar.

Y eso que la primera sensación que tuve al escuchar este Angelus Apatrida fue que si bien es evidente que se trata objetivamente de todo un discarral, quizás no me parecía aún a la altura de los mejores trabajos de la brillante carrera de los albaceteños. Pero analizándolo ahora por escrito, me he encontrado viviendo e interiorizando cada tema como si fuera ya un clásico, así que ahora mismo no lo tengo tan claro. Dejando de lado comparaciones absurdas, injustas y muy probablemente innecesarias, lo importante es que este disco se basta y se sobra para confirmar a Angelus Apatrida como lo que son: una de las mejoras bandas de thrash metal que salió fuera de la época dorada del género. Y además, son de aquí y son majísimos.

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Sobre Albert Vila 901 Artículos
Siempre me ha encantado escribir y siempre me ha encantado el rock, el metal y muchos más estilos. De hecho, me gustan tantos estilos y tantas bandas que he llegado a pensar que he perdido completamente el criterio, pero es que hay tanta buena música ahí fuera que es imposible no seguirse sorprendiendo día a día. Tengo una verborrea incontenible y, si habéis llegado aquí, seguro que ya os habéis dado cuenta. Como medio, formar parte de una escena tan enérgica y con tanta gente apasionada que vive lo que hace con tanto amor y sin esperar nada a cambio es un disfrute constante y auténtico privilegio. En Science of Noise queremos ayudar día a día a que esta escena crezca y se solidifique, sin rivalidades y con la máxima ilusión. Porque seremos pocos, pero somos poderosos.