5+1 canciones más infecciosas que el Covid-19 según… Science of Noise

El Covid-19 se expande más rápido que el hambre por nuestro país, continente, planeta, etc. y la verdad que estamos un poco asustados. Pero para sacarle un poco de hierro al asunto no hay nada mejor que recordar esas canciones, dentro del metal, que se meten en tu cabeza e infectan tus neuronas para que estés todo el santo día tarareando ese estribillo, ese riff, ese solo o toda la canción. Os dejamos con nuestro particular top de canciones infecciosas. ¿Cuáles son esas canciones que no os podéis sacar de encima?

 

«666» por Abel Marín

Artista: Ángeles del Infierno
Álbum: 666 (1989)
Autores: Juan Gallardo Cerezo y Robert Alvarez Pato

Coincidiendo con mi última Reseña Improbable, estos días he vuelto a revolcarme en la discografía de los vascos para desafiar a mi compañero Dídac Olivé para el próximo artículo, cayendo de nuevo en la cantidad de temazos que publicaron Ángeles del Infierno en su mejor época.

Es cierto que tuvieron que ganarse el pan fuera de nuestras fronteras consiguiendo más reputación en el mercado americano. Pero si nos ponemos a indagar en su legado musical, temas como “Maldito Sea Tu Nombre”, “Si Tú No Estás Aquí”, “Al Otro Lado del Silencio” o “Rocker” se enganchan rápidamente para instalarse en tu subconsciente y aparecer cuando más relajado te encuentres. Pero aún así, ninguna tan extrañamente pegajosa como “666”.

canción que da título al cuarto disco de la banda de Lasarte. Curiosamente, a pesar del diabólico simbolismo del nombre y la dura estética del grupo, se trata de una canción que retoza con el AOR de la época. Sin demasiados artificios y con un sencillo riff inicial, ya la melodía atrapa cual Simbionte para convertirte en Venom. El infecto estribillo, no por malo sino por pegajoso, se clava en el cerebro apareciendo a la mínima. Vuelvo a repetir que fueron concedidos con ese particular don, pues si eres afín al estilo, caerás atrapado en su satánico plan (¡mira!, como la canción de Barón Rojo).

¡Salud y heavy metal!


«The Girls of Porn» por Rubén de Haro

Artista: Mr. Bungle
Álbum: Mr. Bungle (1991)
Autores: Michael Allan Patton, Daniel Heifetz, Preston Lea Spruance III, Trevor Roy Dunn y Clinton McKinnon

Definir a Mr. Bungle en palabras es imposible, pero me aventuraré a decir que lo suyo es tan raro que es imposible que no guste. Sí, así es.

Mr. Bungle es una de esas bandas realmente únicas que es capaz de hacer algo totalmente diferente (y bastante extraño) sin convertirlo en una mezcla de notas, compases y ruidos incomprensible. Las transiciones entre estilos musicales son frecuentes, interesantes y, por encima de todo, pese a quien les pese, muy bien ejecutadas. Sorprendentemente, esta banda es capaz de juntar en una única canción jazz, swing, rock, pop, metal y una infinidad de otros estilos musicales con una habilidad igualmente admirable.

La canción que he escogido es «The Girls of Porn», incluida en su álbum y homónimo debut de 1991, si bien podemos encontrar una versión previa (y en mi opinión, algo mejor) en su demo de 1989 OU818. Como ya he dicho antes, este álbum aglutina muchos géneros diferentes aunque, por lo general, se limitan a solo dos o tres géneros por canción, si bien en ocasiones pueden contener más. Aún así, hay temas más convencionales y directos, como «The Girls of Porn», que es una canción puramente de funk metal. Aún así, contiene pasajes que, por supuesto, se escapan un poco de la norma.

Un audio de una pareja practicando sexo salvaje da paso a la voz desnuda de Patton que nos invita a desvirgar el ano de no sé qué adolescente. A partir de aquí, unos infecciosos ritmos de guitarra y bajo funkies acompañan unos versos de lo más depravado en los que la banda nos invita a desinhibirnos, sexualmente hablando, en lo que acaba por convertirse en toda una orgía de sangre, sudor, lágrimas, fluidos corporales, mujeres barbudas y enanos de circo.

Este álbum es lo que yo llamaría una «locura apasionante» que se escapa de la norma. Aún así, dentro de su locura, este Mr. Bungle se presenta de manera organizada y reflexiva. No sé a ti, pero a mí este tipo de locuras realmente me entusiasman. Son artísticos y vanguardistas, pero al mismo tiempo completamente musicales, que es algo que Patton rara vez logra con sus otros proyectos paralelos. Son impresionantes y fabulosos, y punto.

Si eres un fanático de la música con gustos eclécticos y el deseo de descubrir algo nuevo te corroe las tripas, te recomiendo, no solo esta canción, sino toda su discografía. Deja que el sonido de Mr. Bungle se apode de tu ser y no salga de ti… jamás. Estáis invitad@s a la fiesta, por no llamarle directamente orgía. Aquí tenemos de todo y para todos los gustos:

«We got gushin’ gonads, tingling tushes
Hairy balls and hairy bushes
S & M, whips and chains
Pregnant ladies with menstrual pains
We got hand jobs and nipple tweaks
Finger bangs and slappin’ cheeks
We got rape, necro & both ways
And lots of hung studs for all you gays
We got incest & bestiality too
We got Sade & the sweetest taboo
We got girls who’ll eat your pee and poo
And guys who’d love to fuck your shoe
There’s she-males, lezbos, & shaved beav
And D-cup mamas with so much cleave
Senior citizens who love to watch
And sniff those skid marks from your crotch… Yeeeeaaah!»


«Hate Me!» por Xavi Prat

Artista: Children of Bodom
Álbum: Follow the Reaper (2000)
Autor: Alexi Laiho

Canciones pegadizas, que te contagian, que se te pegan como un virus que vuela por el aire. A priori, para un amante del hard rock y derivados y del power, es el top más fácil. Y obvio. Así que he hecho un pequeño esfuerzo (pequeñito, eso sí), y he ido a otros estilos que escucho para buscarla. Y en un periquete tuve mi elección hecha.

Fui muy fanboy de Children of Bodom durante bastantes años. De hecho, junto a Angra, es el grupo que veo de forma más clara que, de haberlo dejado en el momento oportuno, tendrían una discografía perfecta. Sus cuatro primeros álbumes de estudio (y el directo que tienen entre medias) son enormes, y aunque mi preferido y, para mi gusto, el cenit de su carrera es el Hatecrew Deathroll (2003), su explosión definitiva llegó con el Follow the Reaper (2000), y es en su single donde encontramos todos los elementos que hacen de ese tema el escogido.

“Hate Me!” tiene todo lo necesario para que te enganche como el olor de barniz a un yonki. Es un tema sencillo pero muy bien pensado, muy estudiado para que sea el single perfecto. Desde los acordes de teclado del inicio, a lo psicosis, hasta el riff/melodía de guitarra principal (también otros algo más secundarios), y que durante mucho tiempo ha sido mi tono de llamada en el móvil, hasta las estrofas cargadas de más mala leche que ponen el contrapunto a la melodía. Los teclados atmosféricos de ciertos pasajes le dan un aire estupendo, y el puente y estribillo, sencillos pero directos a la yugular, lo borda. Es Lahio en estado puro. Lástima que tan poco tiempo después el grupo tomara una dirección que, para mi gusto, dilapidó su magia. Pero supongo que, si se lo dijera, me cantarían este estribillo: “I don’t give a fuck if you hate me!”.


«Anna Molly» por Beto Lagarda

Artista: Incubus
Álbum: Light Grenades (2006)
Autores: Brandon Boyd, Mike Einziger, Jose Pasillas, Ben Kenney y Chris Kilmore

En un duelo face to face entre «Anna Molly» y el Covid-19, yo digo que el virus palma. Creo que en mi vida he encontrado una canción que se llegue a pegar tanto como esta mítica canción de la banda de Calabasas. Desde que vio la luz en 2006, este corte es uno de los hits alternativos de referencia de mi reproductor.

Incubus fueron una de las primeras bandas que lograron cierta notoriedad con su funk rock. En 1999 crearon una de sus obras magnas titulado Make Yourself. Con este disco entraron directamente en el mainstream del rock gracias a la cantidad de hits que poseía. Desde entonces, la carrera de Incubus no ha aflojado en notoriedad contando con grandes discos en su haber.

En 2006 publicaron Light Grenades, un disco algo controvertido pero que se debutó en la primera posición de la Billboard 200 vendiendo la friolera cifra de 359.000 discos en su primera semana alrededor del mundo. Hasta noviembre de 2016, Light Grenades poseía el honor de ser el mejor número uno de la historia del citado y prestigioso chart norteamericano.

La canción “Anna Molly” que se puede pronunciar como “anomaly” en un sutil juego de palabras, fue el primer single de Light Grenades. Hay un par de interpretaciones totalmente válidas para el significado de esta canción. La primera sería interpretando las letras y la segunda interpretando el mítico videoclip que la banda protagonizó.

En cuanto a las letras, parece que Brandon cuenta una tortuosa relación amorosa con una joven que responde al nombre de Anna Molly. Con frecuentes alegorías la banda nos cuenta como intenta escapar y al mismo tiempo regresar a esta dañina relación.

Y si nos fijamos en el vídeo y en la pronunciación que Brandon hace del título sesgado hacia un “anomaly” la interpretación de la canción cambia radicalmente. Un cadáver de una joven en un parque es llevado a la morgue, allí y en pleno proceso de autopsia el cadáver empieza a moverse para despertar del sueño, algo así como una especie de anomalía de la vida y la muerte. Anna Molly, la difunta protagonista recobra finalmente la vida.

Y sobre la canción, ¿qué decir? El arranque de guitarras es mítico, la entrada de la batería aporta épica. Brandon hace su aparición con varios coros ayudando por debajo que le da al corte una profundidad tan necesaria como divertida. Pero lo mejor es el estribillo, simple como ninguno pero pegadizo como el Loctite. La canción es amena y ligera, no es una canción nada complicada, sin florituras. En su mitad la canción se oscurece para cargar de épica el regreso de la guitarra y la cada vez más ascendente tonalidad en las voces de Brandon.

Una canción tan pegadiza como perfecta.


«A Subtle Violence» por Robert Garcia

Artista: Daylight Dies
Álbum: Lost to the Living (2008)
Autores: Barre Gambling y Jesse Haff

Hace mucho tiempo que tengo ganas de hablar de este gran grupo que puede que sea desconocido para una gran mayoría de personas. Daylight Dies son un grupo estadounidense formados en 1996 que practican un elegante y supremo death/doom metal melódico de una calidad que abruma, o por lo menos a mí. No son un grupo muy prolífico a la hora de editar material y tras ocho años desde la salida de su último disco aún estoy esperando su continuación, pero mientras ese momento llega pues no hay nada mejor que repasar su sólida discografía.

En 2008 sacaron Lost to the Living y aunque todo el disco es una auténtica maravilla siempre he sentido devoción por la tercera canción que lleva por título «A Subtle Violence». Desde su preciosa introducción con esa delicada guitarra hasta su punto final su desarrollo avanza con firmeza donde las frases de Nathan Ellis van navegando por ese mar de melancólicas melodías, buff, tremendo.

A la que entra todo el grupo me siento arropado y me infecta por completo, todo un deleite para los oídos que junto a los poderosos y potentes ritmos de batería te envuelven siempre con una sutil guitarra guiando desde lo más profundo. Los momentos pausados crean una incertidumbre que se desvela hasta el momento de la frase «Your dream is dead this time.»

Ha sido una buen excusa para recuperar este gran disco y así volver a sentir y escuchar los pasajes que me hacen erizar los pelos. Sin lugar a dudas es una de las mejores canciones que he escuchado de este grupo y de este género en particular y lo quería compartir con todos vosotros. Disfrutadla tanto o más que yo que falta nos hace volver a sentir, y si es con música, mucho mejor.


«Paralyzed» por Albert Vila

Artista: The Night Flight Orchestra
Álbum: Sometimes The World Ain’t Enough (2018)
Autores: David Andersson y Björn Strid

¿Canción pegadiza e infecciosa, dices? Cuándo surgió la idea de hacer este top para seguir con nuestra serie coronavírica (después de los que ya les hemos dedicado a los virus en general y a las miserias del confinamiento) mi primera tentación fue abrir los brazos y decirle a todo el mundo que pararan máquinas y que no hacía ninguna falta escribir nada nuevo, ya que podríamos re-compartir sin problema el de las mejores canciones de The Night Flight Orchestra que ya publicamos hace unas semanas. Y es que si hay algo que caracteriza a los suecos es que sus melodías y sus estribillos se te enganchan en el cerebro, en los pulmones en el estómago y donde haga falta con más fuerza que cualquier virus.

Pero bueno, aunque al final me aguanté para no abusar (y porque supongo que mi propuesta habría sido recibida con improperios de todos los colores), sí que no tengo ninguna duda que sí a día de hoy tengo que escoger una canción pegadiza e irremediablemente infecciosa, y a riesgo de hacerme terriblemente pesado, tiene que ser una de las muchas que tiene esta fascinante banda. Y de entre todas ellas (mira que tienen un montón), no puedo sino quedarme con la espectacular «Paralyzed», mi tema favorito de la orquesta voladora liderada por Bjorn Strid y David Andersson.

Sobre el tema en sí tampoco hay muchísimo que decir, la verdad: su guitarra funk es maravillosa, su groove es adictivo y su línea vocal es excelente, pero es el estribillo lo que la convierte en lo que es. Un estribillo de letra deliciosamente clichéica (como casi todas en esta banda, claro, y aquí radica parte de su encanto) que es imposible no cantar sin emocionarse, sin mover los hombros y las caderas y sin poner jetos raros. O, al menos, a mí me es imposible. Porque, chavales, «It’s just the way / love has got me paralyzed / just like the way / love can set me free / It’s just the way / I can make you realize / cause baby I know / you’re the one for me.»

Ye-ah, baby!

En buena parte es una putada. El de The Night Flight Orchestra fue el último concierto al que asistí antes de encerrarme en casa, y con tanto artículo previo y posterior tuve el puñetero «Paralyzed» enganchado en la cabeza durante días. Ahora ya me había logrado liberar por fin de sus garras, pero por culpa de este top me la he escuchado otra vez (¡una sola, lo prometo!) y, con ello, me he condenado a tenerla de nuevo incrustada en el cerebelo hasta vete a saber cuándo. Quizás lo mejor que puedo hacer es enfocar el baffle de la cadena a la calle y ponerla a todo trapo a la hora de la Macarena para infectar al máximo de gente posible. Porque tíos, si esto no despierta los ánimos del personal, no sé yo qué lo hará.

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