Kamelot – The Fourth Legacy: 20 años de una de las cimas del power metal más olvidadas

Ficha técnica

Publicado el 22 de diciembre de 1999
Discográfica: Noise Records
 
Componentes:
Roy Khan - Voz
Thomas Youngblood - Guitarra
Glenn Barry - Bajo
Casey Grillo - Batería

Temas

1. New Allegiance (0:54)
2. The Fourth Legacy (4:55)
3. Silent Goddess (4:15)
4. Desert Reign (1:39)
5. Nights of Arabia (5:26)
6. The Shadow of Uther (4:45)
7. A Sailorman's Hymn (4:05)
8. Alexandria (3:54)
9. The Inquisitor (4:35)
10. Glory (3:42)
11. Until Kingdom Come (4:11)
12. Lunar Sanctum (5:59)

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El caso de Kamelot como banda es más que interesante a todos los niveles. Su carrera ha sido errática a más no poder, pero cuando han tenido el viento de cara y las musas les han visitado han creado obras maestras. Puede que te guste más un disco que otro, pero a nivel objetivo todo cambió con una obra magna: The Fourth Legacy. Eran los días oscuros de finales de los 90 en que las grandes bandas estaban sin sus cantantes de toda la vida, el post grunge y el nu metal se lo llevaban de calle y el metal clásico estaba únicamente representado por el power metal de Gamma Ray, Helloween, Stratovarius y demás. Era toda una rareza que desde Estados Unidos llegase una banda de estas características, pero si nos miramos bien el proceso, la influencia europea es la clave del producto.

Una banda semi-desconocida ficha a un cantante semi-desconocido

Kamelot tenían dos discos correctos, sin nada realmente especial y enmarcados dentro del heavy metal clásico. Contaban con un cantante gritón llamado Mark Vanderbilt en los discos Eternity y Dominion. Destacaría de esa era temas sueltos como “Black Tower”, “Proud Nomad” o “Call of the Sea” del primero y “We Are Not Separate”, y sobre todo, “Birth of a Hero” del segundo. Thomas Youngblood era el guitarrista y jefe del proyecto, y el bajista Glenn Barry estaba allí escudando. Los bailes de formación eran habituales y se encontraron en 1998 con un disco compuesto y sin cantante. Vanderbilt se había largado y había entrado un gran baterista como es Casey Grillo. Pero encontrar un cantante es algo complejo, y más teniendo en cuenta que va a cantar en un disco para el que no se ha pensado con su voz natural y sí para la de otro. El resultado fue Siege Perilous, de nombre artúrico. Optaron pues por un cantante noruego semi-desconocido para mucho/as, pero si eras fan de Conception sabías que lo que se nos venía encima era más que potente. La banda noruega decidía separarse y Roy Khan entraba a las filas de Kamelot. Gracias a este fichaje fichaban por Noise Records, un sello europeo clave en las décadas de los 80 y 90. Incluso le dejaron hacer un solo de guitarra al otro ex líder de ConceptionTore Ostby. No funcionó el disco, pero todo apuntaba que el siguiente paso iba a ser tremendo.

Un power metal atemporal

Una de las claves de la excelencia de este disco es que Youngblood compone codo a codo con Roy Khan ex profeso para el disco y los temas están pensados para la voz del noruego, y obviamente, aquí todo explota. Por otro lado, tras los controles está Sascha Paeth que ya había empezado su carrera de productor a la vez que contaba aquí con gran parte de la gente de su exbanda Heavens Gate. Conception murieron para que brillaran Kamelot pero Sascha finiquitó a los Gate para alumbrar a decenas de bandas y llevar a lo más alto Avantasia junto al teclista Miro (también de Heavens Gate).

El disco tiene todos los tópicos del power metal empezando por la intro orquestal titulada “New Allegiance”, aludiendo a que Kamelot lo formaba gente nueva. Estaba basada en un fragmento orquestal del compositor René Dupéré. La maravilla que viene a continuación es el tema homónimo y es un perfecto ejemplo de lo que es el power metal bien hecho. Doble bombo de Grillo, guitarras potentes, estribillo de puño en alto y ese plus que le pone el productor con ese interludio orquestal, algo que ya había hecho con Angra en sus anteriores discos. Recordemos que Paeth en esos días también estuvo trabajando con Elegy a quienes les dio visibilidad durante unos años. Pero si vamos directamente a lo más espectacular hay que encarar la bestial “Nights of Arabia” con intro propia incluida: “Desert Reign”. Coros femeninos de Cinzia Rizzo y clave arabesca que a partir de entonces pasa a ser uno de los tópicos en la música del grupo. La parte orquestal gana fuerza y se suma a un power metal muy personal y nada gritón. Aquí hay mucha más clase que agudos. El interludio acústico a medio tema es maravilloso respaldado por un bello cuarteto de cuerda. Otra característica de Kamelot nace en este tema y no es otra que la presencia de una cantante femenina, que a la postre, les acompañará siempre en sus directos. “Nights of Arabia” es el hallazgo de la fórmula ganadora.

A diferencia de la mayoría de bandas de power metal este material no ha quedado desfasado y lo consigue ese balance entre lo orquestal y la banda de metal, los cambios constantes de ritmo y, sobre todo, la enorme voz de Roy Khan que se aleja de los aspirantes a Kiske que poblaban el metal europeo de entonces. El vocalista venía con la mochila cargada de influencias y estas salen a relucir en el segundo corte: “Silent Goddess”. Aquí hay una especie de homenaje a Conception, elegante y que funciona. Los riffs, el agudo y presente bajo de Barry, el tratamiento de los coros, el aura de la composición y el puente-estribillo típico de los noruegos. Probó aquí trasladar ese sonido a Kamelot, pero la cosa iba por otros derroteros. La balada es quizá la mejor que haya grabado Kamelot en toda su carrera: “Sailorman’s Hymn”. La voz sobre la acústica y ese ambiente marino pone el vello de punta. Repuntada por una voz femenina brilla un tema que es tan evocador como bello. Hasta cierto punto hay una conexión con alguna balada de Conception estilo “Sanctuary” o “Hold On”.

La joya que ha quedado oculta en el disco es la excepcional “The Shadow of Uther”, otro de los temas que da un paso adelante para encontrar la fórmula de composición en el grupo y sus grandes rasgos característicos. Aquí la voz femenina y la cadencia les daba mucho juego en el directo. Pero si os digo la verdad, sólo he podido ver este tema en vivo una vez, justo en la gira del disco. Los arreglos orquestales de corte irlandés le dan un plus al tema y lo hacen único. Aunque no se note especialmente, todos los miembros de Heavens Gate están metidos en la producción y es la voz de Thomas Rettke la que dobla el trabajo de Khan en varios temas. Una composición a la que nunca le dieron especial importancia y que siempre me pareció espectacular es “Until Kingdom Come”, tan potente como rotunda. Doble bombo de manual y la presencia absoluta de los teclados de Miro, otro miembro de Heavens Gate. Hizo también de coproductor y todos los teclados y arreglos son suyos. Quizá de todos los temas este sea el más caricaturesco y power metalero de manual.

Completan el disco el medio tiempo atmosférico que es “Alexandria” y otra más lucida como puede ser la épica “The Inquisitor”. Esta sí es un perfecto mix entre los Kamelot con los Conception fundidos siguiendo la contundente pegada de Grillo. Un poco hay aquí el embrión que les cristalizará en “March of the Mephisto”. La otra balada del disco la pone “Glory” acústico-orquestada. No llega a la perfección de la ya mencionada, pero sigue la estela. “Lunar Sanctum” conecta con los últimos Conception, los del Flow, con voces en megáfono y tiempos más lentos, pero con las presentes instrumentaciones y el espíritu Kamelot de este excepcional disco. Incluso hay maracas si uno se fija.

Conclusiones

El paso adelante y definitivo de Kamelot vino dado por The Fourth Legacy, justo la obra en la que Youngblood y Khan empiezan a componer juntos. Barry y Grillo componen junto a ellos la formación clásica del grupo de Tampa, pero nada de esto sería posible sin la mano maestra de Sascha Paeth y Miro. De hecho, aquí están Heavens Gate en pleno bastiendo un disco espectacular. El grupo subió y subió, pero en la subida se fueron olvidando de esta maravillosa obra hasta el punto de que hace años que no tocan nada de ella. Quizá sea su disco más netamente power metal, pero es perfecto para un 1999 y les hizo encontrar su fórmula compositiva, su identidad, a la par que ha envejecido fabulosamente bien esta obra. Youngblood se debería replantear el darle cancha. De hecho, tras la edición del disco compañía y banda quisieron aprovechar el momento y sacar un directo. Una jugada que se suele hacer ante un inesperado éxito como el que cosecharon Kamelot en 1999. Puede que Karma y The Black Halo se lleven la fama, pero el punto de inflexión es este.

Jordi Tàrrega
Sobre Jordi Tàrrega 442 Artículos
Coleccionista de discos, películas y libros. Abierto de mente hacia la música y todas sus formas, pero con especial predilección por todas las ramas del rock. Disfruto también con el mero hecho de escribir.