Tras los pasos de Axl

todos mis conciertos de Guns N’ Roses

Han pasado casi 25 años de la última vez que los Guns N’ Roses tocaron en Barcelona. Hace 25 años que yo con 15, me fui de mi trabajo, estando pintando un chalet en Torredembarra y me planté sin saber nada en Barcelona a la firma de discos que Duff hacia en la ya desaparecida Virgin Megastore del Passeig de Gràcia. Allí pude ver de cerca y conseguir mi primer autógrafo de un músico. Imaginaos lo que fue eso, en los tiempos que eran. Siendo de un pueblo, habiendo visto los grupos locales que tocaban por allí, y alguna de las bandas que integraron el rock català, mi entrada al mundo del rock fue con los Guns N’ Roses. Solo llegar al bolo, el 5 de julio de 1993, compré dos fotos que vendían fuera, y que guardo como un tesoro, y en parte creo que son las culpables de me pase mucho tiempo en fosos de conciertos como fotógrafo en la actualidad. Axl, Slash, Duff, entonces con Matt Gilby, con Dizzy que no se ha ido nunca mmá, estaban acabando su Skin N’ Bones Tour, que quince días más tarde finalizaría en Buenos Aires. Nadie pensaba que estábamos ante uno de los últimos conciertos de aquella formación. Ni diez conciertos más, aquella noche, en el Estadi Olímpic Lluís Companys, sin saberlo, la ilusión llegaba a su fin. La banda más grande del momento no hizo nada más que autodestruirse en aquella gira. Ni el disco de versiones, ni la tremenda versión de los Stones, salvaron el barco.

Mis recuerdos de ese concierto son muy pocos, era muy fan, estaba flipando, pude ir hasta la valla a ver de cerca a Slash en “You Cloud Be Mine”, me compré el programa de la gira, la camiseta mil tallas más grande, descubrí a Suicidal Tendencies, joder, para alguien que lo más duro que había escuchado era Sangtraït, Mike Muir y los suyos, con Robert Trujillo al bajo, me volaron la cabeza. Allí estaba, sin edad legal para comprar cerveza, viendo a los Guns sin ningún adulto conmigo. Total, que aquellos eran otros tiempos. Pero en mi vida hubo un antes y un después de ese día. Amo tanto a esta banda que llevo el monstruo de la portada del Appetite For Destruction (1987) tatuado en el pecho. Incluso el mismísimo Steven Adler, durante unaude sus viditas a Barcelona, quiso hacerse una foto conmigo mostrando el tatuaje en el mítico Pepe’s Bar del Poblenou.

Mis encuentros con los Guns siempre han sido buenos, incluso con la banda que acompañaba a Axl en el 2010 en Badalona. Y con Duff y Slash, la vez que vinieron con Velvet Revolver, que firmaron mi vinilo del Appetite, con la portada original y que nos regalaron la presencia de Izzy, quien interpreto con ellos unos temas esa misma noche.

Pero la banda original, o la versión de principios de los 90, se rompió, y cuando empezaron los rumores, que en aquellos tiempos solo podíamos leer en las revistas que comprábamos en los quioscos, de que Axl había encontrado una panda de mercenarios para sustituir a los miembros originales (o así nos lo pintaban), y que se habían metido en el estudio a grabar Chinese Democracy, que no acabaría saliendo hasta el 2008, todo hacia pensar que aquello acabaría mal. Solo apareció “Oh My God”, para la banda sonora de End of Days (1999), que a mí siempre me gustó, teniendo en cuenta me compré dicha banda sonora el día después de ver por primera vez a Nine Inch Nails en directo en el Palau de la Vall d’Hebron. Esa noche, también vi por primera vez a Robin Finck.

La nueva formación de Axl, la conocida popularmente como Axl Rose Circus, incluía a Robin Finck en las guitarras, y fue la que se presentó a la hora que le dio la gana en el Auditorio Parque Juan Carlos I de Madrid, en el lo que fue el inicio del Chinese Democracy World Tour. Solo Axl hace una gira de un disco que llevaba grabando desde el siglo pasado y que, por aquel entonces, no había salido. Vivía en su puto mundo, y sonaba como la canción que cerraba su Use Your Illusion II (1991). Él nos avisó. Para mí era la segunda vez que vería a lo que quedaba de la banda que adoraba y me fui solo a Madrid. La aventura fue de lo más absurda. Me cancelaron el vuelo, y me tuve que comprar otro billete para poder llegar a Madrid a tiempo medio. Alli, solo en una especie de parque, enseguida vi porqué tanta gente adoraba a esa banda. Solo una hora más tarde ya formaba parte de un grupo de fans que esperábamos para ver la trenzas de Axl y presenciar su retorno en primicia. La única referencia que tenía de lo que podía ser esa noche era la actuación en los MTV Video Music Awards de 2002, con Buckethead como guitarrista. No tengo nada en contra de ninguno de los músicos que han pasado por Guns durante esos años. Eran muy buenos, pero quizá no eran los adecuados. Volviendo a Madrid, con la gente tirando de todo al escenario por el retraso de dos horas, puteando a quien tenía pensado coger el metro para volver y haciendo de oro a los taxistas, no en mi caso, ya que fui a pie con un grupo hasta Barajas. Supongo que nos venimos muy arriba después del concierto. Y sí, tiraron sillas; una cayó muy cerca nuestro. Cuando aparecieron en el escenario, con tres guitarristas, con un irreconocible Finck, con barba y el pelo largo, nada que ver con el andrógino guitarrista que veíamos en NINBumblefoot y el hasta ahora miembro de la banda, Richard Fortus, con Tommy Stinson al bajo, a la batería Bryan “Brain” Mantia (sí, el de Primus), el veterano Dizzy Reed y Chris Pitman a los teclados. Un setlist con seis canciones del disco que daba nombre a la gira, y que no había sido todavía editado, las otras trece, clásicos de la banda. Solos aparte, a mi me gustó mucho, porque Axl seguía siendo el personaje que te mira desde el escenario y piensas, joder salatará a pegarme. Y, muy a pesar de las versiones propias que hicieron de los temas viejos, no pude quejarme. Porque volver a ver la máquina encima el escenario era una buena noticia, casi como que los cinco originales siguieran vivos y fuera de la cárcel. Axl apostó por seguir adelante solo, con el nombre de la banda a sus espaldas, y sin muchas apuestas a su favor. Aguantó como pudo… y no cayó sobre la lona.

Cuatro años más tarde, por fin pasaban por Badalona, tras la suspensión del concierto del 2001 en el Palau Sant Jordi. Aquella cancelación fue una decepción muy grande, y por suerte, no me animé a buscar entradas para ir a más conciertos de esa gira. Así como en 1999, que cogí un bus desde Barcelona para ir con la gente de Wawanco a ver Kiss a París, ya que no pasaban por aquí. Nueve años más tarde, y a unos kilometros de donde tenían que haber tocado en el 2001, aterrizaban en el pabellón del Joventut en Badalona. Ahora sí, con Chinese Democracy (2008) editado. Aquella nueva versión de los Guns venía para demostrar que seguían vivos. En su último concierto de aquella parte europea de la gira, casualidades de la vida, Finck ya no estaba, y habia sido sustituido por DJ Ashba. Tampoco estaba Mantia, quién fue reemplazado por Frank Ferrer, quien sigue ocupando ese lugar actualmente. Solo llegar a Badalona, al dar una vuelta por el exterior del pabellón, una furgoneta negra se paró en la parte de detrás, y de allí salieron todos… menos Axl. Los saludé, y me fui para dentro para ver a Sebastian Bach,que abría la noche. Skid Row siempre me habían gustado, y fue la primera banda que vi en Zeleste. Lo mejor de aquel show de Bach fue que un par de días después la discográfica de Nick Sterling, el joven guitarrista que llevaba, me contactó y me pidió unas fotos del concierto. Le tocaba el turno a Axl, y abrió la noche con “Chinese Democracy”. Recuerdo comentarios muy poco afectivos hacia aquella elección. Pero después del susto inicial, clásicos para todos, medio disco nuevo, “Whole Lotta Rosie” de AC/DC, pirotecnia, confeti, cambios de ropa que distan mucho del look del Axl de los 90 y, en general, un muy buen concierto. Se mostraron sólidos. Fue un lujo verlos en un recinto mediano y para nada lleno del todo, como en su día fue ver a Velvet Revolver en La Riviera de Madrid. Aquella gira, la última que pasó por Catalunya hasta la fecha, tuvo una continuación bajo el nombre de Up Close and Personal Tour, y pasó por Benicassim y Palma, pero por problemas de pasta no pude ir.

Y sin que nadie lo tuviera del todo claro, Slash y Duff volvieron. Así, sin más, sin un motivo más que el dinero o la nostalgia. Pero volvieron. Para mí fue una gran noticia, y empecé a esperar (y desear) que la cosa fuera más allá, que anunciaran fechas de una nueva gira mundial. Ver de nuevo a estos tres juntos después de veinte años, aunque Duff si que había tocado en algunos conciertos con los otros Guns, es tremendo. Y las fechas se anunciaron, y muchas dudas. ¿Madrid? ¿Bilbao? ¿Los dos? Porque… ¿llegarían o se pelearían antes? Al final, fue Bilbao mi elección, y así aproveché para ver el nuevo San Mamés. Solo con la novedad de Melissa Reese como segunda teclista y corista, me tocó subir hasta Euskadi para ver qué tal. La suerte hizo que, como llegué al estadio por la mañana, al subir a ver el bar interior que tenia vistas al césped, me encontré con una agradable sorpresa. La banda estaba haciendo las pruebas de sonido, y pude estar allí más de una hora gozando de tan inesperado regalo. Tocsron temas de todos sus discos, casi treinta temas, incluyendo una seguramente sentida versión del “Black Hole Sun” de Soungarden en homenaje a Chris Cornell, quien falleció solo doce días antes de ese show. Muchos haters, que por desgracia tienen todos redes sociales solo para rajar, castigaron a la banda, pero realmente, fue un gran concierto. Naturalmente, no son los Guns del Ritz, ni de los míticos conciertos de Tokio, pero cumplieron con creces. Siempre se puede pedir más, pero pocas bandas, con este pasado, se atreverían a salir de gira y hacer conciertos de tres horas.

Y ahora, ¿qué? Pues esperar a que llegue el 1 de julio, subir a Barcelona, ir al Estadi Olímpic Lluís Companys casi 25 años más viejo, y que sea Duff quien, con su bajo, arranque con “It’s So Easy”, y la noche empiece a convertirse en otra gran noche. Quien sabe si quizá él y Slash habrán llamado otra vez a Izzy Stradlin para que se sume otra vez a la fiesta. Yo ya cuento los días…

Ray Molinari

Adicto a los vinilos y a los directos. Fotografo allì donde no haya sol y suene buena musica, con ya mas de 25 años pisando salas de concierto, ha visto de todo en todas las salas. Coleccionista de lp’s y 7″ que acaban sonando en sus sesiones como dj

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