AMFest, o esa pequeña comunidad llamada post rock (Parte III)

Datos del Concierto

AMFest

Bandas:
BLAK, The Last 3 Lines, Mourn, My Vitriol, The Wax
 
Fecha: 28/10/2017
Lugar: La[2] del Apolo (Barcelona)
Promotora: Aloud Music
Asistencia aproximada: 350 personas

Fotos

Fotos por Sergi Vila - Underground Müsik Fotozine

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Recién llegado al último día del AMFest un pequeño detalle me hizo pensar que las cosas volverían a su cauce con respecto a la noche anterior: unas cortinas a lo Twin Peaks cubrían la parte trasera del escenario, solución ciertamente más elegante que las rocas de cartón piedra y los lasers techno que causaron estupor en los días anteriores.

BLAK

La primera banda de la tarde sonó impecable y seductora. Blak se estrenaban en el mundo del directo, y su debut no pudo ser mejor, empezando por momentos de calma elegantísima, y siguiendo por distorsiones mezcla perfecta entre burderismo y contención de frecuencias. Bello, todo muy bello, igualable a un concierto de los japoneses Mono.

Los de Roda de Ter presentaban el álbum Between Darkness And light (2017), y lo hicieron por todo lo alto, con tres guitarras muy bien aprovechadas, sumadas a un combo afiladísimo de bajo y batería que iba totalmente a la par. Hacía tiempo que no disfrutaba de un post rock clásico tan bien hecho. ¡Esperamos que su segundo concierto llegue pronto!

The Last 3 Lines

Siendo el sábado el día más ecléctico del festival, y cubierta de entrada la cuota post rock, lo que vino a continuación fue un popurri estilístico inaudito. The Last 3 Lines vinieron a darlo todo con su revival psicodélico acompañados de una cinta de pelo setentera, greñas hippies y barbas “jesucrísticas”. Se podría decir que solo unas Vans nos alejaban de la sensación de haber viajado en el pasado.

Los barceloneses demostraron sus tablas, con una buena voz sin estridencias, susurros, vibratos y un timbre ciertamente adictivo. Sorprendió la briza que metía el bajista, y cómo la deseada psicodelia se abría paso lenta pero firmemente. Hubo algún subidón grunge muy bien puesto, aunque los racionaron con cuentagotas, y no faltaron tampoco una guitarra acústica ni un teclado a lo Hammond que por cierto sonó cojonudo. Hablando de acústicas, lanzo una pregunta al aire: ¿por qué las acústicas en grupos de “rock” solo se escuchan cuando el resto de músicos dejan de tocar?

Siguieron mis reflexiones cuando a medio bolo me temí que los temas sonaran demasiado lineales, e incluso me pareció que alguna voz desafinase durante los coros. Dudas que se disiparon cuando delante mío apareció un tío con camiseta de Opeth que parecía encantado. Todo bien, pues, todo a su sitio en un concierto seguramente más atractivo para los fans de Jethro Tull que para el resto de mortales.

Mourn

Tenía muchas ganas de ver a Mourn, y de hecho nunca me hubiese imaginado que mi primera vez sería en un AMFest. Empecé a sentir felicidad después del “solaco” de batería durante la intro, por cierto a claqueta, seguido de un juego de guitarras brillante y logradas disonancias características del rock alternativo de los jóvenes de El Maresme, apuntaladas por una batería digna de opositar para Engine Down.

Temas muy sólidos discurrieron con las dos cantantes situadas en los extremos del escenario, un acierto visualmente muy estético que amplió la sensación de que cada miembro de la banda tuvo espacio propio para explayarse musicalmente sin tapujos. Las voces, perfectamente conjuntadas, pasaban sin complejos del unísono a la apertura armónica, y la bajista, sin púa, desgranaba grandes bases sin despeinarse. ¡Se nota que han girado por medio mundo!

Algunos de los temas fueron muy cortos, lo cual es bueno, dándole ese toque punk que no todos las bandas “alternativas” saben cómo lograr. En esa línea, las partes limpias tuvieron un punto distorsionado maravilloso. Destacó “Color Me Impressed”, versión de The Replacements incluída en su recién editado EP Over The Wall (2017), y “Fry Me”, tema de su segundo LP Ha, Ha, He! que “no ha sortit però sortirà perquè ja pot sortir”, dijo crípticamente una de las cantantes (en referencia a problemas con su ex discográfica). “Bolaco” impecable de una banda internacional nacida al lado de casa.

My Vitriol

En teoría había mucha expectación para ver a los héroes londinenses del shoegaze que en 2001 lo petaron con Finelines (2017), su único LP antes de separarse. A la práctica, la hora punta del sábado mostraba una entrada inferior a la noche anterior, donde el post predominaba mucho más en los estilos de los grupos.

Con sólo dos miembros de la formación original, My Vitriol hicieron acto de presencia en formato trío. La pregunta se formuló de inmediato: ¿Cómo iban a suplir al bajista? Pues… tiraron de audios pregrabados. Siguiente pregunta: ¿dónde coño estaban los amplis de las guitarras? ¡Pues no los había! Y para remate total, cuando entró la voz, lo hizo acompañada de un delay descomunal y de unos coros también pre grabados.

“We haven’t been here for 15 years” dijo el cantante, y fue probablemente el mensaje más veraz que el público recibió. Aunque el batería se lo curraba, el resto de inputs musicales que iban llegando resultaron demasiado limpios, con ecos por todos lados y perdiendo la fuerza que una vez caracterizó al ex-cuarteto. No es que lo hiciesen mal, ni mucho menos, incluso cayó una versión de Nirvana. Simplemente parecían un grupo totalmente distinto al ritmo de “mucho eco y pocas nueces”.

The Wax

Si el año pasado la dosis de post hardcore llegó con Ànteros, esta vez The Wax fueron los encargados de levantar los screánimos de la gente que sonríe cuando escucha un grito pelao. Después de una intro de acoples múltiples, los de Navarcles empezaron a piñón, con una buena dosis de pose, quizás incluso demasiada, pero que sin duda caldeó la noche de inmediato.

Las palabras “Bona nit Barcelona, bona nit Ayemfest!” no consiguieron restar credibilidad musical a una banda que se movió como pez en el agua entre la garra de At The Drive-In y el saber hacer de Touche Amore, consiguiendo moshes y levantamientos de personas sin apenas pedirlos. Estéticamente se observaron horas de gimnasio, re colocamientos de peinados y pantalones enchorizados que convertían a los de pitillo en hiphoperos, pero todo eso dio igual ante el excelente nivel musical del quinteto, y prueba de ello es es que el público terminó entusiasmado y extasiado.

 

Yo también llegué al límite de mis fuerzas, y muy a mi pesar renuncié al último grupo de la noche, The Suicide Of Western Culture.

Unos días después apareció un post en el  después de agradecer a las bandas y al público su presencia lanzaban el siguiente mensaje: “El AMFest tal y como lo entendíamos necesita tomar aire y es lo que vamos a hacer las próximas semanas. El equipo formado por 12 personas, 6 mujeres y 6 hombres, se reunirá en breve para saber hacia dónde vamos en el futuro próximo“. Desde aquí les deseamos lo mejor y cruzamos los dedos para que el año que viene podamos seguir disfrutando de bandacas que, de otra forma, parecería imposible reunir en un ambiente tan acogedor. Queridos alouders, ¡un abrazo y muchos ánimos!

Toni Feliu

Toni es un apasionado de la música. Estudió violín e ingeniería informática. Sus gustos eclécticos, desde el hardcore/punk a la clásica, le permiten usar la música como terapia para no enloquecer (demasiado). Literalmente sin tiempo para pensar, toca la guitarra, el violín y el bajo en 3 bandas, se relaja como DJ y deambula compulsivamente por mogollón de conciertos molones.

Toni Feliu
Sobre Toni Feliu 13 Artículos

Toni es un apasionado de la música. Estudió violín e ingeniería informática. Sus gustos eclécticos, desde el hardcore/punk a la clásica, le permiten usar la música como terapia para no enloquecer (demasiado). Literalmente sin tiempo para pensar, toca la guitarra, el violín y el bajo en 3 bandas, se relaja como DJ y deambula compulsivamente por mogollón de conciertos molones.